Néstor Kohan lo dice sin vueltas: Fidel Castro fue subestimado como pensador tanto por sus adversarios como por sus propios partidarios. El militante y pensador argentino participó del I Coloquio Internacional Fidel: legado y futuro, en La Habana, entre el 10 y el 13 de agosto de 2026, por el centenario del comandante. Allí planteó que la figura de Fidel quedó atrapada en una paradoja incómoda: todos reconocen su centralidad en las rebeldías del siglo XX, desde la juventud europea de los sesenta hasta Vietnam, desde las luchas contra el racismo neonazi en África hasta la resistencia latinoamericana frente a las dictaduras militares, pero casi nadie se detiene en su producción intelectual.
El propio Departamento de Estado, según recuerda Kohan, documentó esa presencia constante. Incluso la rebelión de las Panteras Negras dentro de Estados Unidos aparece vinculada a su figura. El enemigo lo reconoce como actor decisivo. Lo que nunca se lee ni se escucha es ese mismo reconocimiento en el terreno del pensamiento. Siempre se lo ubica como hombre práctico, como si la acción y la reflexión fueran compartimentos separados.
Kohan propone un ejemplo concreto para desarmar esa reducción. Cuando la invasión mercenaria desembarcó en Bahía de Cochinos, conocida en Cuba como Playa Girón, Fidel no se refugió en un bunker. Se subió a un tanque y combatió. Está filmado, cualquiera puede verlo. Es raro que un presidente tome esa actitud. Salvador Allende, médico y no militar, tomó un fusil y salió a resistir. Hugo Chávez venía de origen militar. Pero lo de Fidel, sostiene Kohan, es la expresión máxima de esa entrega. Hasta el enemigo le reconoce valentía. Lo intentaron asesinar más de 600 veces y murió de viejo, cuando él quiso.
Ahí se agota el reconocimiento.
Kohan eligió un documento para demostrar que hay pensamiento sistemático detrás de esa acción. La Segunda Declaración de La Habana, leída por Fidel ante un millón y medio de personas, fue la respuesta política y teórica a la OEA, institución que él definió como el Ministerio de Colonias de Estados Unidos. Kohan sostiene que esa definición sigue vigente en 2026. La OEA, dice, legitima golpes de Estado y dictadores, ataca todo proceso popular o democrático. A fines de enero de 1962, reuniones de cancilleres buscaron aislar a Cuba. La dirección revolucionaria respondió con un texto que no es un comunicado de cancillería ni un pliego de consignas.
Es un documento de entre 20 y 30 páginas que resume la historia de la conquista de América, desde Colón hasta el presente. Describe el papel de las burguesías latinoamericanas, los mecanismos de dominación imperialista, la historia del capitalismo colonial y neocolonial. Kohan lo compara con las obras completas de Lenin: las de Fidel superan los 70 tomos, y un equipo de investigadores trabaja todavía en su edición. Es un pensamiento inabarcable para cualquier individuo, con más de 50 años de vigencia pública.
Por eso Kohan insiste en que debería estudiarse en las universidades, incluso por quienes no están de acuerdo. Él mismo dedica tiempo a leer economistas neoliberales, aunque no le seduzcan. Quien quiera atacar a Fidel, afirma, tiene que estudiar la Segunda Declaración de La Habana. Con más razón todavía los pueblos rebeldes del siglo XXI, porque allí encuentran insumos para sus propias luchas. El Departamento de Estado lo dice a su manera: Cuba sigue siendo la capital del comunismo en el siglo XXI.