A 19 años del fusilamiento de Carlos Fuentealba, el movimiento docente argentino mantiene intacta la llama de la memoria y la exigencia de justicia. Este 4 de abril, Neuquén se prepara para una jornada de movilización que incluye bicicleteada, marcha y actividades culturales organizadas por ATEN junto a organizaciones sociales y educativas. La convocatoria parte desde Arroyito, el mismo lugar donde en 2007 la policía provincial reprimió una protesta docente y el cabo José Darío Poblete disparó una granada de gas lacrimógeno que impactó en la nuca del maestro de 40 años.
El crimen ocurrió durante el gobierno de Jorge Sobisch, quien ordenó desalojar el corte en la Ruta Nacional 22 donde docentes reclamaban por salarios, pase a planta permanente y mejoras educativas. La represión incluyó gases lacrimógenos, balas de goma y persecución policial que culminó con el ataque al Fiat 147 donde viajaba Fuentealba. El maestro falleció al día siguiente dejando dos hijas de 10 y 14 años.
La lucha por justicia logró condenas en dos causas separadas. En 2008, la Causa Fuentealba I condenó a prisión perpetua al policía Poblete. Recién en 2023, la Causa Fuentealba II alcanzó a la cúpula policial con penas menores por abuso de autoridad y armas. Sin embargo, el principal responsable político, Jorge Sobisch, sigue impune. Organizaciones docentes como UnTER, SUTEBA y ATEN denuncian que la estrategia de desdoblar las causas -impulsada por la burocracia sindical y el abogado Gustavo Palmieri- facilitó esta impunidad, replicando lo ocurrido en el caso del soldado Carrasco.
La jornada conmemorativa de este año incluye una bicicleteada desde Arroyito que recorrerá Senillosa, China Muerta, Plottier y puntos clave hasta llegar al centro neuquino. Por la tarde, actividades culturales en el Monumento a San Martín precederán la marcha provincial con participación de organizaciones sindicales, sociales y referentes de derechos humanos. El acto central mantendrá las consignas históricas: justicia completa y cárcel para Sobisch.
La figura de Fuentealba trasciende el hecho trágico para convertirse en símbolo de la defensa de la educación pública. Sus compañeros lo recuerdan como docente brillante y militante incansable que entendía el salario, las condiciones laborales y el derecho a la educación como una misma batalla. En un contexto de criminalización de la protesta y ajuste educativo, su legado se actualiza como imperativo ético para el movimiento docente que resiste los embates neoliberales. La conciencia de que si no se juzga a quienes ordenan las represiones desde las cúpulas del poder, no se frenará nunca con la metodología de opreción y dominio por parte del poder hegemónico, está clara en la militancia neuquina que no para de insistir en la responsabilidad de Sobisch. La memoria no se construye desde la victimización sino recuperando la coherencia militante de quien supo que las tizas y las calles son espacios complementarios de lucha.