La Conferencia Internacional ICARRD+20 en Cartagena se transformó en un escenario donde las juventudes rurales del mundo alzaron su voz para exigir democratización real del acceso a la tierra. Más de 200 jóvenes de Colombia, Perú, Brasil, Nepal y China protagonizaron un panel histórico que dejó claro: sin participación política efectiva de las nuevas generaciones, no habrá reforma agraria verdadera.
Agustín Zimmermann, representante de la FAO en Colombia, fue contundente: "El desarrollo rural real necesita la participación de la juventud". Su intervención marcó el tono crítico hacia modelos que reducen la reforma agraria a simple redistribución de tierras, ignorando derechos, reconocimiento legal y estructuras políticas sostenibles. La advertencia resonó especialmente para las mujeres jóvenes rurales, quienes enfrentan barreras estructurales quintuplicadas en Colombia para acceder a sustento propio.
Las experiencias internacionales mostraron caminos diversos pero demandas convergentes. Desde Nepal, Pragya Dhakal destacó la organización juvenil como motor de liderazgo agrario. Desde Brasil, María Eduarda Vasconcelos enfatizó la defensa territorial como eje para garantizar permanencia en el campo. La voz china de Wei Fang expuso cómo políticas de revitalización rural han impulsado retornos mediante agricultura ecológica y tecnologías innovadoras.
En la plenaria central "20 años después", representantes de pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y campesinado presentaron la declaración "Tierra para la Vida". Leidy Tatiana Ramos Angola del Proceso de Comunidades Negras de Colombia lanzó un llamado combativo: "La soberanía nacional es inseparable de la soberanía alimentaria. Debemos luchar contra fuerzas imperiales que buscan destruir nuestros derechos". Elidili Voy, de pueblos indígenas, exigió inclusión de mujeres indígenas y jóvenes en la construcción de reformas agrarias globales.
Máximo Torero, economista jefe de la FAO, subrayó que el empoderamiento femenino requiere no sólo participación en decisiones sino recursos concretos para transformar vidas. El debate global coincidió en que la cuestión central no es cuánto se produce sino cómo, para quién y bajo qué modelo ecológico.
La juventud rural colombiana, representada por Omar David Ríos, evidenció que la permanencia en el campo depende de acceso real a educación, tecnología y condiciones dignas. Su mensaje resonó como síntesis colectiva: las nuevas generaciones no piden ser escuchadas como gesto simbólico, sino reconocidas como sujetas políticas fundamentales para la soberanía alimentaria y el futuro del campo. La ICARRD+20 dejó claro que sin democratización radical del acceso a la tierra y poder decisorio para las juventudes rurales, cualquier reforma agraria será incompleta.