La democracia peruana enfrenta una paradoja alarmante: los presidentes caen con frecuencia, pero la coalición autoritaria que sostiene el sistema permanece intacta. Este fenómeno revela que el problema no reside en individuos específicos, sino en estructuras de poder profundamente arraigadas que operan desde las sombras del Congreso y los grupos de interés económico.
Perú ha experimentado una rotación presidencial sin precedentes en los últimos años, con cuatro mandatarios en apenas cinco años. Esta inestabilidad superficial oculta una continuidad inquietante: las mismas fuerzas políticas y económicas mantienen el control real del país. La coalición autoritaria, compuesta por sectores conservadores, grupos empresariales privilegiados y facciones parlamentarias, ha demostrado una capacidad notable para sobrevivir a cada crisis institucional.
El análisis publicado en Nueva Sociedad destaca cómo esta coalición opera como un "pacto mafioso" que trasciende a los gobiernos de turno. Su estrategia consiste en desgastar a cualquier presidente que intente reformas estructurales, utilizando el Congreso como herramienta de bloqueo y desestabilización. El resultado es un sistema donde la democracia electoral coexiste con prácticas autoritarias que vacían de contenido las instituciones.
La persistencia de esta coalición plantea preguntas fundamentales sobre la naturaleza del poder en el Perú contemporáneo. Más allá de las apariencias de cambio, las estructuras que perpetúan la desigualdad y la exclusión siguen operando con impunidad. La alternancia presidencial se convierte así en un teatro político que distrae de la continuidad del modelo económico y social.
La verdadera batalla democrática no se libra en las elecciones presidenciales, sino en la capacidad de la sociedad para desmantelar estas redes de poder que han secuestrado el Estado. La experiencia peruana muestra que cambiar presidentes no basta cuando las reglas del juego siguen siendo dictadas por los mismos actores. La coalición autoritaria sobrevive porque ha aprendido a adaptarse, mutando sus formas pero manteniendo intacto su control sobre los recursos y las decisiones estratégicas del país.