LA TIERRA NO ES SUELO, ES NUESTRO PROPIO CUERPO
Originarios

LA TIERRA NO ES SUELO, ES NUESTRO PROPIO CUERPO

(★) .- Comunidades originarias de Argentina comparten su cosmovisión sobre el ambiente, el suelo y la producción, en un registro recuperado por la Asociación Argentina de la Ciencia del Suelo.

La Comisión de Suelos y Ambiente y la Comisión de Química de Suelos de la Asociación Argentina de la Ciencia del Suelo recuperaron un registro audiovisual donde tres comunidades originarias del país comparten su cosmovisión sobre el ambiente, el suelo y la producción. Delia Cañomir, de ascendencia mapuche y tehuelche, cuenta que se crió en Barda Negra, una región de estepa patagónica entre Zapala y Cutralcó, donde su bisabuelo fue echado por Rosas en 1814 del norte del Salado. Allí, el gran Cacique Lincopán hizo un tratado con el gobierno nacional que les proveyó herramientas para la agricultura, pero un alemán se quedó con las mejores tierras y con todos los elementos agrícolas. A pesar de eso, su abuelo construyó un sistema de canales con piedras para regar la huerta, donde sembraba zapallo, sandía y todo tipo de verduras, y también para bañar a los animales.
La relación con la tierra es espiritual y cotidiana. La bisabuela de Caniomir se levantaba y su primer mate era para la madre tierra, y su primera oración en lengua mapuche era al sol. "Nosotros somos tierra, somos expresión de la madre tierra, de la Ñuke Mapu", explica. "Desde nuestra espiritualidad es imposible separarnos de la naturaleza, todos estamos mancomunados viviendo una misma energía, el nehuen, que está en todos los elementos". En su familia, hasta el primer sorbo de bebida en un asado iba a la tierra, con una delicadeza que pasaba desapercibida para la gente ajena.
Bartolina Casimiro, de la comunidad indígena del pueblo de Amaicha del Valle de Tafí, cuenta que se relacionan con los cuatro elementos esenciales de la vida, sembrando sin químicos para proteger el medio ambiente. Pero enfrentan una gran amenaza: las empresas inmobiliarias y las empresas mineras que quieren entrar al valle. "Cada vez tenemos menos espacio, y por eso las comunidades nos paramos más en defensa de la vida", dice. "Cuidamos el agua, que no nos contaminen el agua, que no nos puñalen las montañas". Los abuelos son la facultad, la universidad, la escuela que enseña los saberes ancestrales, desde el dulce hasta las cuatro moliendas de maíz con piedra milenaria.
El registro incluye también la reflexión de que hay diferentes modelos de vinculación con el suelo: uno que se caracteriza por estar sobre el suelo, en una relación de apropiación, y otro que tiene que ver con ser parte del suelo, con entender sus ritmos naturales. Cuando aparece el ser humano en su vínculo antropológico, el suelo se transforma en tierra, una palabra con fuerte contenido político que expresa la lucha por seguir siendo parte de eso que da vida y sustento a una comunidad. Escuchar a estos pueblos que se proyectan desde el humus permite conectarse desde otro lugar con el espacio que habitamos y que nos habita.