La central obrera viajó hasta Suiza para plantar bandera en la 114° Conferencia Internacional del Trabajo. Jorge Sola, cosecretario general, denunció que el gobierno de Javier Milei está llevando adelante “el desmantelamiento sistemático de un modelo democrático de gobernanza del trabajo” y que el tripartismo fue reemplazado por la imposición. La denuncia apunta a la reglamentación de la reforma laboral mediante el decreto 407, que toca registración, recibos de sueldo, licencias y despidos.
Cristian Jerónimo, otro de los cosecretarios, recordó que la Corte de La Haya ya le dio la razón a los trabajadores sobre el derecho a huelga. Pero cuando lo consultaron sobre medidas de fuerza concretas, dijo que “no se descarta un paro general”. O sea: después de cuatro paros en tres años de gestión mileísta, la respuesta es que no lo descartan. Mientras tanto, el Gobierno avanza a toda máquina con la flexibilización laboral y la CGT elige los micrófonos internacionales antes que las calles argentinas.
La denuncia ante la OIT es necesaria, sin dudas. Pero con la reforma laboral ya reglamentada y los derechos laborales cayéndose a pedazos, la pregunta sería no si la CGT tiene razón, sino por qué teniendo todas las herramientas para paralizar el país, elige no usarlas.