La firma de un memorando entre Brasil y China en julio de 2025 para estudiar un ferrocarril bioceánico de 3.000 kilómetros ha encendido todas las alarmas ambientales. El proyecto, que conectaría el Atlántico con el Pacífico a través de Perú, amenaza con atravesar algunos de los ecosistemas más biodiversos y frágiles del continente, particularmente la Amazonía sur peruana y la región de Madre de Dios. Expertos advierten que esta megaobra no sería una infraestructura "sin impacto", sino que podría desencadenar efectos indirectos devastadores vinculados a la valorización del suelo y la expansión de actividades económicas en áreas de alta sensibilidad ecológica.
El trazado tentativo considera un área de influencia de 35 kilómetros a cada lado de la vía como referencia de análisis preliminar. Lo más preocupante es que el ferrocarril atravesaría La Pampa, zona asociada a producción de oro en Madre de Dios, en un contexto de degradación ambiental ya crítico. Las comunidades indígenas shipibas y asháninkas que habitan estos territorios temen que la llegada de la infraestructura intensifique los cambios que ya han observado en sus ríos y bosques. El puerto peruano de Chancay aparece como el nodo final del corredor, con capacidad para un millón de contenedores anuales y propiedad distribuida entre la china Cosco Shipping (60%) y la peruana Volcan Compañía Minera (40%).
Este proyecto se cruza con otro corredor bioceánico que Chile impulsa por el norte, el Capricornio, de aproximadamente 2.400 kilómetros que vincula Brasil, Paraguay, Argentina y Chile. La competencia por rutas, tiempos y redistribución de carga en el eje Atlántico-Pacífico instala una disputa geopolítica donde los intereses extractivistas parecen primar sobre las consideraciones ambientales. La falta de información pública completa sobre el trazado detallado y la ingeniería final mantiene en suspenso a las comunidades afectadas y a los defensores ambientales, quienes exigen transparencia y participación real en las decisiones que definirán el futuro de la Amazonía.