UN EJÉRCITO DE GUITARRAS CONTRA EL SILENCIO DE LOS VERDUGOS
Homenaje Destacado

UN EJÉRCITO DE GUITARRAS CONTRA EL SILENCIO DE LOS VERDUGOS

(★) .- A 53 años del golpe en Chile, la memoria de Víctor Jara se sostiene en la cultura del pueblo que él defendía como herramienta de emancipación

Cada 16 de septiembre, la partida de Víctor Jara vuelve a doler. Pero la fecha también convoca. En septiembre de 2026, Chile rememora los 53 años del golpe militar financiado por el imperialismo norteamericano, aquel que terminó con la vida de Salvador Allende e interrumpió un proceso revolucionario que avanzaba desde las bases. La cultura chilena participaba activamente de ese efervescer político. Y uno de sus nombres era el de Jara, el dueño de la guitarra trabajadora.
Ese mismo compromiso lo convirtió en blanco del golpismo. Lo torturaron y lo mataron para dejar un mensaje a través de la crueldad contra un operario de la cultura. La historia, sin embargo, muestra otra cosa: la voz de los carrascos no resuena. Lo que resuena es el coro de quienes cantan la dignidad de la humanidad, la trayectoria de los pueblos, su pelea, su derecho a vivir en paz.
Jara prefería hablar de “canciones populares” antes que de “canciones de protesta”. Reivindicaba un enraizamiento de su arte en el folclore, en los ritmos y los instrumentos ancestrales, atento a las nuevas demandas de su tiempo. Viajó a Cuba, a la Unión Soviética, a países de Europa. Estudió teorías revolucionarias. Pero su trayecto artístico y militante se forjó, de principio a fin, en la conexión con la vida del pueblo y su pelea cotidiana. Veía el mundo, y su universo chileno, desde el poblado de Lonquén, era gigante.
La Nueva Canción Chilena, el Nuevo Cancionero Argentino, la Nueva Trova Cubana: movimientos que compartían un clima continental de lucha. En Brasil, mientras avanzaba el autoritarismo y la interferencia extranjera en la política interna, la MPB participaba de esa marea más amplia. Ataques a las garantías, persecución a los movimientos sociales, violencia, desapariciones. Del otro lado, como respiro, una movilización cultural que acompañaba el pulso político de América Latina.
Todos los años, las guitarras se reúnen como un verdadero ejército obrero para evocar la memoria de Víctor. No solo para recordarlo. También para marcar que la pelea del pueblo sigue viva en Chile, en Brasil, en Cuba, en Venezuela, en toda Nuestra América. Por él y por los mártires no se mantienen únicamente los acuerdos de lucha: también los acordes.