DRONES YANQUIS EN MANABÍ: LA GUERRA SUCIA CONTRA PESCADORES ECUATORIANOS QUE EL GOBIERNO DE NOBOA QUIERE OCULTAR
Política Neoliberal

DRONES YANQUIS EN MANABÍ: LA GUERRA SUCIA CONTRA PESCADORES ECUATORIANOS QUE EL GOBIERNO DE NOBOA QUIERE OCULTAR

(★) .- Ataques con explosivos, desapariciones forzadas y un silencio cómplice: el imperio golpea en aguas ecuatorianas.

Tres embarcaciones artesanales de Manabí —Don Maca, La Negra Francisca Duarte y Fiorella— fueron atacadas por patrullas militares de Estados Unidos en aguas territoriales ecuatorianas entre enero y marzo de 2026. El saldo es escalofriante: ocho pescadores desaparecidos, heridos graves, torturas y detenciones arbitrarias que incluyeron traslados forzosos a El Salvador sin que mediara cargo judicial alguno.
Los testimonios recogidos por el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH) revelan un patrón sistemático. En el caso de la Negra Francisca, el capitán Hernán Flores relata cómo drones artillados impactaron la nave sin previo aviso. "Nos bombardearon a las dos de la tarde. La guardacosta ecuatoriana nos había revisado esa misma mañana y no encontró nada ilegal", declaró. Los sobrevivientes fueron esposados, encapuchados y mantenidos incomunicados durante ocho días antes de ser entregados a la marina salvadoreña como "náufragos".
La embarcación Fiorella sufrió un destino aún más incierto. Ocho tripulantes permanecen desaparecidos desde el 20 de enero. Johnny Valencia, capitán con 52 años de experiencia y padre de uno de los desaparecidos, denuncia que la Capitanía del Puerto les dijo que "ya estaban muertos" y que gestionaran indemnizaciones con el dueño del barco. "Mientras no aparezcan los cuerpos, los reclamamos con vida", exige María Cueva, madre de Jefferson Mera, de 25 años.
El silencio del gobierno de Daniel Noboa es ensordecedor. Ni la Cancillería ni la Capitanía han emprendido acciones de búsqueda reales. Peor aún: el comandante Diego Criollo insinuó sin pruebas que los pescadores estaban en aguas internacionales con sustancias ilícitas, versión que desmienten los propios registros de la guardacosta ecuatoriana que los inspeccionó horas antes del ataque. Ante esta inacción, el CDH elevó el caso al Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, que ya exigió a Ecuador cooperación inmediata con El Salvador y Estados Unidos para localizar a los desaparecidos.
Lo ocurrido no es un accidente ni un exceso aislado. Es la expresión brutal de una presencia militar estadounidense que los ecuatorianos rechazaron en las urnas durante la consulta popular que prohibió bases extranjeras. El imperio no se fue: se replegó, se camufló y hoy regresa con drones, explosivos y la complicidad de un Estado que prefiere mirar hacia otro lado mientras sus pescadores —gente humilde que solo busca el sustento— son borrados del mapa en su propio territorio.