La semana laboral legal en Japón es de 40 horas. Pero encontrar a alguien que trabaje menos de 46 es casi misión imposible. En sectores como la construcción, las horas extras se acumulan hasta 38 por mes —el equivalente a una semana completa de trabajo adicional— y casi todo ese plus es no remunerado. Los empresarios lo llaman sabisu zangyo, "tiempo extra de servicio". Los trabajadores lo padecen. Y muchos, literalmente, se mueren. El fenómeno tiene nombre propio: karoshi, muerte por exceso de trabajo.
Frente a esta realidad, el Partido Comunista Japonés (PCJ) puso el tema en el centro de su agenda. Shii Kazuo, presidente del Comité Central del PCJ y veterano de 33 años en la Dieta —el parlamento nipón—, acaba de publicar en inglés Disposable Time and Capital: Learning from Marx. El libro recupera una idea clave del viejo Karl: el tiempo disponible, ese que sobra después de cubrir las necesidades básicas, es la verdadera riqueza de una sociedad. No el oro, no las mercancías. El tiempo.
Shii presentó su trabajo el 4 de mayo en la Universidad de York, en Toronto, como parte de una gira norteamericana que incluyó visitas a la ONU, un encuentro bilateral con el Partido Comunista de Estados Unidos y una charla con miembros de los Socialistas Democráticos de América. En Toronto, frente a estudiantes y activistas, Shii citó a Marx: la sociedad postcapitalista es aquella donde "el libre y pleno desarrollo de cada individuo constituye el principio rector". Pero, preguntó, ¿cómo puede alguien desarrollar su potencial si no tiene tiempo libre para usarlo como quiera?
El argumento de Shii rastrea cómo Marx, desde un panfleto anónimo de 1821 descubierto en el Museo Británico, construyó su visión del socialismo alrededor de la idea de que el capitalismo no solo roba salarios: roba horas de vida. Bajo el capitalismo, los trabajadores producen mucho más de lo que necesitan para sobrevivir, pero ese excedente —los bienes y, crucialmente, el tiempo— es capturado por los capitalistas. "El capitalista usurpa el tiempo libre creado por los trabajadores para la sociedad, es decir, la civilización", escribió Shii. La explotación no es solo injusticia distributiva: es un robo de potencial humano.
En los Manuscritos Económicos de Marx, escritos entre 1850 y 1860 como preparación para El Capital, el alemán sostuvo que "el desarrollo social depende del ahorro de tiempo". Cuanto menos tiempo gaste una sociedad en producción material básica, más tiempo libera para la ciencia, el arte, la educación y el desarrollo integral de sus miembros. Shii sostiene que Marx trató esto no como un efecto secundario agradable del socialismo, sino como la ley económica fundamental de la sociedad futura. "El tiempo libre transforma a su poseedor en otro sujeto", argumentó Marx: una persona con tiempo disponible se convierte en un ser humano más pleno, y ese ser desarrollado devuelve trabajo de mayor calidad a la producción, generando un círculo virtuoso.
Shii reconoce que esta dimensión de la crítica marxista no siempre recibió la atención que merece. Se habló mucho de la abundancia material que definiría al socialismo, pero poco del tiempo de los trabajadores. "Aumentar el tiempo libre que la gente puede usar como desee es el objetivo central de la sociedad futura", dijo en Toronto. Su libro culmina con el famoso pasaje del Volumen III de El Capital, donde Marx distingue entre el "reino de la necesidad" —el tiempo de trabajo que toda sociedad debe dedicar a la producción material— y el "verdadero reino de la libertad", que comienza al otro lado de ese trabajo necesario. La conclusión de Marx es una sola frase: "El acortamiento de la jornada laboral es su prerrequisito básico".
Para Shii, la pelea por reducir las horas de trabajo no es una demanda sindical menor: es una lucha civilizatoria. Una sociedad socialista no se define solo por quién es dueño de las fábricas, sino por si la gente común tiene tiempo para vivir como seres humanos plenos. "Los capitalistas chupan tanto tiempo libre de los trabajadores", dijo Shii. "Si se aboliera la explotación, el tiempo disponible pertenecería a todos".
El líder comunista fue crítico con el movimiento sindical japonés, al que describió como carente de una tradición moderna de lucha por la reducción de la jornada. "Los sindicatos en Japón no muestran la fuerza que tuvieron los trabajadores de Chicago en 1886 o el Frente Popular en Francia en los años 30", señaló. "Todo el movimiento está virando a la derecha y colaborando con el capital". Por eso el PCJ apuesta a "elevar la conciencia de clase y las demandas de gestión democrática en los lugares de trabajo".
Shii también vinculó la discusión con la inteligencia artificial. Citó un estudio del senador Bernie Sanders que proyecta que la IA podría eliminar 100 millones de empleos en Estados Unidos en la próxima década. "La contramedida es una reducción inmediata de la semana laboral a 32 horas", propuso. "La IA puede traer beneficios si aumenta la productividad, pero también tiene aplicaciones bélicas y es parte del esfuerzo empresarial por deshacerse de la mano de obra". Cuando la productividad aumenta, el desempleo crece, porque el capital intenta engordar su ejército industrial de reserva.
¿Cuándo llegará entonces la ruptura definitiva con el capitalismo? "El desarrollo de la clase trabajadora como agente propio es clave para la desaparición del sistema", respondió Shii. Todo vuelve a la conciencia de clase. "Eso es clave para cambiar el mundo. Y en ese sentido, El Capital es un mensaje de transformación y lucha".