Sudamérica se ha convertido en la región que más bosques pierde en el planeta. Entre 2015 y 2025, el subcontinente sudamericano perdió en promedio 4,10 millones de hectáreas por año, una cifra que supera ampliamente los 2,96 millones de África, la segunda región más afectada. En contraste, Asia ganó 1,62 millones de hectáreas anuales, Europa sumó 1,43 millones y Oceanía registró un leve aumento de 140 mil hectáreas.
La demanda de alimentos, ganado, cultivos comerciales y leña empuja la frontera forestal en Sudamérica, África y partes de Asia. A esto se suma el crecimiento urbano, el desarrollo de infraestructura y el aumento poblacional, factores que intensifican la presión sobre los ecosistemas. La ONU advierte que proteger los bosques no depende únicamente de políticas forestales, sino que exige decisiones coordinadas en agricultura, energía, transporte y planificación territorial.
El cambio climático agrava aún más el panorama. Las presiones sobre los bosques aumentan a un ritmo que supera la capacidad de respuesta de muchos países, incluso en regiones donde la deforestación se ha estabilizado. El informe también revela que la financiación para la gestión forestal sostenible sigue muy por debajo de los 300 mil millones de dólares que se necesitan anualmente hacia 2030.
Detrás de estas cifras hay un modelo de desarrollo que prioriza la extracción sin límites sobre la vida de los pueblos y los ecosistemas. La pérdida de bosques en Sudamérica no es un accidente: es el resultado de políticas que favorecen el agronegocio, la minería y la especulación territorial por encima del bien común. Frenar esta devastación exige repensar de raíz las prioridades económicas de la región.