Este martes se cumplen exactamente cinco décadas de la detención y desaparición de Elizabeth Rekas Urra, asistente social del Metro de Santiago, que fue secuestrada por la Dina junto a su esposo Antonio Elizondo Ormaechea en plena Alameda con Lord Cochrane. Esa misma noche, la dictadura civil-militar de Pinochet también se llevó al ingeniero y fotógrafo Juan Maino Canales, que compartía departamento con la pareja en la Villa Los Presidentes. Los tres militaban en el MAPU y participaban en la resistencia. Los tres, hasta hoy, siguen desaparecidos.
La Federación de Sindicatos de Metro (FESIMETRO) convocó para las 11 de la mañana un acto de homenaje en la salida sur de la estación Moneda, justo donde da a Lord Cochrane. No es un detalle menor: Elizabeth tenía 27 años y cuatro meses de embarazo cuando la borraron del mundo. Su caso es uno de los once documentados de mujeres detenidas desaparecidas embarazadas durante la dictadura, una lista que incluye nombres como Diana Aron, Cecilia Bojanic, Jacqueline Drouilly y Nalvia Mena, entre otras.
El acto de este martes se suma a la conmemoración que el Comité Memorial Puente Bulnes realizó en julio de 2025 en el Paseo Bulnes, donde se recordó también a las mujeres ejecutadas embarazadas. Allí se destacaron los casos de Alba Sonia Ojeda Grandon, asesinada en Chillán con seis meses de gestación, y la adolescente Leonidas Isabel Díaz Díaz, "La Motita", de apenas 14 años, ejecutada en el mismo Puente Bulnes. El cantautor Claudio Núñez interpretó la canción que lleva su nombre.
Cincuenta años después, el Estado chileno sigue debiendo verdad y justicia. Mientras la institucionalidad transita entre medias tintas y olvidos calculados, las organizaciones de derechos humanos y los sindicatos mantienen viva la memoria de quienes fueron arrancados de sus puestos de trabajo, de sus casas, de sus vientres. Porque recordar no es solo un acto político: es la única manera de que la muerte no tenga la última palabra.