El lunes arrancó con 90 puntos de bloqueo en cinco departamentos, una muestra de la vigencia del movimiento donde confluyen mineros, campesinos, indígenas y juntas vecinales. Mientras tanto, la mesa de diálogo del gobierno de Rodrigo Paz está virtualmente fracasada y su apuesta al desgaste no está dando resultado. El sábado se realizó el ampliado de la Central Obrera Boliviana con participación de sectores no afiliados, y este martes hubo un cabildo en la ciudad de El Alto, símbolo clave en la tradición de lucha del pueblo boliviano, donde se escucharon discursos combativos contra el diálogo y mucha voluntad de unidad.
Las conducciones sindicales se sienten rebasadas. Intentan evitar que el movimiento se masifique y radicalice, pero como reconocieron en los discursos, no pueden traicionar abiertamente aunque tampoco quieren convocar medidas contundentes para desempatar la situación. Una referente del distrito 8 que bloqueaba en Sencata planteó que la COB tiene que ser efectiva y que es necesario crear coordinadoras por localidad o región para organizar desde abajo. La huelga general decretada el 1 de mayo por la central obrera, que lleva 32 días sin implementarse, es la medida que podría inclinar la balanza, pero la burocracia se niega a aplicarla.
El gobierno envió a la asamblea legislativa la reglamentación del estado de excepción, una amenaza represiva equivalente a un estado de sitio. El Congreso, dominado por la ultraderecha que ya eliminó los límites legales a esa figura, podría aprobarlo en cuestión de horas. Sin embargo, que Rodrigo Paz no lo haya aplicado directamente muestra sus dudas: un estado de sitio puede salirle el tiro por la culata, como le pasó a Fernando de la Rúa en 2001. La base de la COB y las juntas vecinales fue la que obligó a las conducciones a correrse a la izquierda y no aceptar negociar, imponiendo la continuidad de las medidas de lucha.
En este escenario, la Liga Obrera Revolucionaria Cuarta Internacional apuesta a la auto organización y a crear coordinadoras por abajo para construir un poder alternativo a las conducciones que le ponen límites al proceso. La situación sigue abierta: puede venir un levantamiento nacional más alto o una escalada represiva. El equipo de La Izquierda Diario sigue cubriendo esta rebelión que los grandes medios argentinos ya dejaron de informar, mientras la ultraderecha boliviana ataca a los periodistas extranjeros acusándolos de desestabilización.