El encuentro tuvo como objetivo discutir la situación de los territorios, el avance del narcotráfico y el laburo cotidiano de las organizaciones. La pregunta que atravesó todo fue cómo construir más comunidad y más humanidad en contextos donde la vida se hace cada vez más difícil.
Este primer encuentro nacional de acompañantes fue fruto de reuniones que vienen sosteniendo hace tiempo ambas organizaciones. Por primera vez trabajaron en equipo Vientos de Libertad y Hogar de Cristo, y desde las organizaciones lo celebraron como una satisfacción tremenda. La realidad que atraviesan los barrios es desastrosa, producto de las políticas del gobierno de Javier Milei y de la mala economía que se vive. Comer cuesta el doble, pagar un alquiler cuesta el doble, vivir cuesta el doble. En ese contexto, el consumo de drogas termina siendo una anestesia frente al dolor cotidiano.
Frente a esa crisis, los espacios comunitarios como el Movimiento de Trabajadores Excluidos, la UCEB y los Hogares de Cristo contienen el malestar de las madres que no saben qué hacer con sus hijos, de los adolescentes sin lugar donde ir, de los pibes y pibas criminalizados, tratados de drogadictos y de chorros. Desde las organizaciones señalaron que quienes vivieron esas experiencias en los barrios son los únicos que pueden contar lo que se sufre y lo que se necesita para estar mejor. Por eso destacaron la importancia de que sean los propios compañeros y compañeras, que están todos los días conteniendo, quienes discutan de salud comunitaria.
Uno de los testimonios más fuertes fue el de las compañeras que llegan a la casa de mujeres de Luján: rotas, desamparadas, sin rumbo, muchas veces con niños. La realidad de las pibas y las mujeres madres golpeadas por el consumo es lo más difícil de ver. En los barrios hay mucha carencia económica, precariedad habitacional y ausencia del Estado. Las organizaciones responden con comedores comunitarios atendidos por los mismos pibes del hogar, equipos de calle que entran a los pasillos de los barrios más duros llevando comida, charlas e invitaciones a participar. La iglesia está abierta para toda la comunidad, y hay una casa social que brinda asistencia legal, articulación con organismos del Estado para garantizar derechos a la salud y la justicia, un centro de medicación y asistencia médica.
Desde Vientos de Libertad contaron la experiencia de acompañamiento durante ocho años, no solo en el proceso de la problemática del consumo sino también en procesos judiciales. La recuperación, explicaron, no tiene que ver con salvarse uno solo sino con poder acompañar a otros y otras que todavía no llegaron. Esa tarea transforma la vida: de estar perdido en la droga y en la calle se pasa a tener un proyecto de vida, una familia, una comunidad donde organizarse y creer que en el barrio se puede vivir mejor.
Las organizaciones impulsan las 3C: capilla, colegio y club, como antítesis de las 3C de la muerte que eran la calle, la cárcel y el cementerio. Para los pibes más jóvenes, encontrar contención en las escuelas, ser valorados en su derecho al estudio, la educación, la salud y el deporte es fundamental. Hay clubes con entrenadores profesionales, muchos salidos del propio Hogar de Cristo. La consigna es clara: estudiar, hacer deporte, tener un techo y una iglesia que abrace. La importancia de la organización es poder sacar a todos los pibes y pibas adelante para que tengan una vida digna, sin droga y un mejor futuro para ellos y sus hijos.