Katya Colmenares no ofrece una conferencia. Irrumpe desde la exterioridad para recordar lo que la modernidad ha querido ocultar: que la civilización occidental tiene como contenido el genocidio. No como excepción, sino como regla de los últimos 500 años. Frente al "yo soy si tú eres" de la filosofía Ubuntu —principio comunitario que hace posible la vida—, el proyecto moderno-colonial erige su alter ego: "yo soy si tú no eres". Y ahí está Israel necesitando que Palestina no sea. La afirmación del yo imperial supone la destrucción de todo lo otro. Pero la vida, dice Colmenares, es comunidad. Ningún organismo se auto reproduce; todos se donan y se alimentan unos de otros. La vida es diversidad.
El régimen Trump y el 1% de la humanidad consumen y deciden el futuro del 99%. El 80% de la humanidad subvive con el 20% de los recursos. Colmenares recupera a Marx: cada producto es un coágulo de sangre, vida hecha objeto que nos sirve para la vida cuando podemos gozar el fruto de nuestro trabajo. Pero si no hay excedente, si apenas se come y mal se vive, lo que roba el sistema no son las proteínas: es la humanidad misma. Porque lo que nos hace humanos es el poder reconocernos entre nosotros, tener tiempo para construir comunidad. La comida tirada al piso sigue teniendo vitaminas, pero esa comida en el piso es indigna. No alimenta la humanidad.
Colmenares advierte: son 500 años de modernidad frente a 150.000 años de humanidad. Antes hubo civilizaciones que privilegiaron la comunidad y vivieron al interior de la naturaleza. Casi todas las lenguas de la tierra guardan el principio de madre naturaleza. Si todos tenemos la misma madre, somos hermanos. Pero la modernidad nos dice que el ser humano es el lobo del hombre. Y ese mensaje contrario es el que hay que combatir también por dentro: la lucha contra el ego moderno, porque eso es lo que está atomizando y destruyendo los movimientos por dentro, especialmente las izquierdas modernas, egocéntricas, que reproducen la lógica imperial en guerras chiquitas, medianas y grandes.
Frente a la inteligencia artificial que decide sobre la vida y la muerte en Palestina —sin poder ser llevada a juicio—, Colmenares propone privilegiar lo que no puede ser hackeado: la comunidad. Los encuentros que no son repetibles por la IA porque no son unión de datos sino experiencias, compromisos, responsabilidades. La invitación es a descolonizar también Europa, a caminar en colectivo, a actualizar las discusiones comunistas más allá de las categorías del siglo XX, porque nadie se descoloniza a sí mismo. Descolonizarse significa salir del sí mismo. Aprender a caminar en colectivo.