Ramón Grosfoguel rompió seis meses y medio de prudencia para lanzar una crítica directa al liderato de la revolución bolivariana. El pensador decolonial aclaró que su mensaje no va contra las bases populares, las comunas, las milicias ni el ejército, sino contra la cúpula que, según él, cambió el horizonte de "independencia o nada" y "comuna o nada" por una ilusión desarrollista bajo protectorado colonial. La gota que rebasó el vaso fue la entrada de fuerzas sionistas al territorio venezolano y la entrega de los recursos naturales a cambio de migajas controladas por el Tesoro de Estados Unidos.
Grosfoguel recordó que el 3 de enero el imperio desmovilizó en quince minutos la defensa del país usando inteligencia artificial y guerra digital, dejando al liderato contra las cuerdas. En ese momento, dijo, negociar para preservar la fuerza popular fue una decisión táctica comprensible. Pero lo que vino después —la cesión de la soberanía petrolera, el control externo de las cuentas bancarias y el discurso desarrollista de Delcy Rodríguez— ya no es flexibilidad táctica con astucia estratégica, sino entrega y complicidad con el imperialismo.
El intelectual denunció que el régimen Trump y el sionismo están aplicando en Venezuela la doctrina del shock que describe Naomi Klein: aprovechan el terremoto para meter tropas, militarizar el territorio y profundizar el saqueo. Señaló que en seis meses ya sacaron 8 mil millones de dólares, mientras ofrecen migajas para la reconstrucción. Para Grosfoguel, el liderato bolivariano dejó de ser antiimperialista y se convirtió en un gobierno de entrega colonialista, peor que la Cuarta República, porque ni siquiera controla su propio dinero.
La única esperanza que le queda a Grosfoguel es el pueblo organizado: las comunas, las milicias populares y el ejército de base que, según él, siguen siendo la fuerza más autoorganizada del planeta. El desafío histórico es que ese pueblo produzca un nuevo liderato con dignidad, que retome el horizonte comunal socialista y la soberanía nacional, antes de que la revolución bolivariana termine despedazada por sus propios dirigentes.