LA ULTRADERECHA NO INVENTA EL RACISMO, SOLO LO PONE A TRABAJAR
Arte y Pensamiento

LA ULTRADERECHA NO INVENTA EL RACISMO, SOLO LO PONE A TRABAJAR

(★) .- En la Escuela de Invierno del ICAL, tres intelectuales analizaron por qué crecen los proyectos autoritarios y qué falló en las fuerzas transformadoras.

La primera mesa de la Escuela de Invierno del ICAL reunió a Leticia Martínez, periodista argentina; María Emilia Tijoux, socióloga chilena; y Elisa Franco, abogada y activista feminista, para debatir las condiciones que hicieron posible el fenómeno de ultraderecha en América Latina. Moderados por Gonzalo García Donoso, de las Juventudes Comunistas de Chile, abordaron más que una coyuntura electoral: buscaron las claves estructurales de un nuevo ciclo que en pocos años barrió con la sensación de avance que dejaron las movilizaciones del 2019.
Martínez abrió con una advertencia: la ultraderecha no es un bloque homogéneo. Comparte una agenda social conservadora —contra el aborto, el feminismo, el matrimonio igualitario— pero se diferencia en lo económico. Milei destruye industria mientras Trump aplica aranceles proteccionistas. Su gran victoria, según la periodista, fue romper lo políticamente correcto: ya no importan los datos ni las consecuencias. Mentir descaradamente se naturalizó. Y la oposición, desorientada, no logra reaccionar ante un gobierno que avanza rápido y sin pausa.
Tijoux profundizó en el racismo como condición de posibilidad de la ultraderecha chilena. Lejos de ser una novedad, dijo, el racismo es fundacional en la formación del estado-nación. Las migraciones solo desplazan el objeto de una racialización que ya operaba sobre pueblos originarios. La ultraderecha no inventa la exclusión: reorganiza políticamente jerarquías ya naturalizadas en la vida cotidiana, en las rutinas del trabajo, la calle y los servicios públicos. El peligro, advirtió, es cuando la discriminación se vuelve sentido común y deja de percibirse como racismo.
Franco propuso mirar el fenómeno con perspectiva histórica. Citando debates de la Tercera Internacional, planteó tres tesis sobre los momentos reaccionarios: como respuesta al avance comunista, como crisis estructural del capitalismo o como disputa interna entre las clases dominantes. Para ella, hay que articular las tres miradas. Pero lanzó una contra-pregunta incómoda: ¿por qué perdió la izquierda? A su juicio, el momento está abierto. Hay descontento y ganas de cambio, pero las respuestas las está dando la derecha. La tarea, dijo, es recuperar el pensamiento estratégico, convocar a trabajadores y juventud, y reconstruir el internacionalismo.
En el cierre, Martínez insistió en que la idea de sacrificio —aguantar hoy para un futuro mejor— sigue siendo el pegamento del apoyo a Milei, incluso cuando la gente reconoce que está peor. Tijuc fue directa: es hora de luchar y de hacer autocrítica sobre las divisiones de la izquierda.