CONSTELACIÓN REBELDE: MARXISMOS DESDE EL SUR PARA ENFRENTAR LA BARBARIE
Arte y Pensamiento

CONSTELACIÓN REBELDE: MARXISMOS DESDE EL SUR PARA ENFRENTAR LA BARBARIE

(★) .- Mariátegui, Rosa Luxemburgo, Recabarren, Lipschutz y Fanon se reencuentran en una mesa que los reivindica como caja de herramientas vivas para pensar el presente en la Escuela de Invierno del ICAL.

La invitación del panel fue clara: no se trataba de arqueología militante ni de nostalgia de próceres. Hernán Ubiña abrió el fuego planteando que estas figuras —Mariátegui, Rosa Luxemburgo, Recabarren— forman una constelación, muchas estrellas que orientan el andar colectivo en tiempos de oscuridad ultraderechista y guerra imperial. Para Ubiña, el marxismo que necesitamos es descolonizado, despatriarcalizado y plural. Destacó que Mariátegui fue profundamente luxemburguista: difundió a Rosa en América Latina y compartió con ella una política prefigurativa, donde el socialismo se ensaya desde ahora en la vida cotidiana. Recabarren decía que el socialismo era la felicidad colectiva, y Mariátegui alertó sobre el fascismo como movimiento que supo convertir un estado de ánimo en fuerza política. El desafío, cerró, es unir inteligencia e imaginación para construir un socialismo en el que quepan muchos socialismos.
Millaray Huaquimilla puso el acento en Rosa Luxemburgo y su teoría de la acumulación del capital. Contra la idea de que la acumulación originaria fue un momento del pasado, Luxemburgo demostró que el capitalismo necesita devorar permanentemente formas no capitalistas —territorios, comunidades, naturaleza— para sobrevivir. Esa tesis, dijo, explica el extractivismo en América Latina, el despojo minero y la especulación inmobiliaria. Mariátegui recogió esa mirada al afirmar que el problema del indio es el problema de la tierra, no un asunto pedagógico ni moral. Y Alejandro Lipschutz, precursora del debate sobre plurinacionalidad, defendió la propiedad colectiva de las comunidades indígenas como base física y cultural de su existencia. Recabarren, en tanto, materializó la praxis: desde los enclaves salitreros del norte chileno, construyó organización obrera, prensa popular y teatro como herramientas de contrapoder.
Daniel Jadue fue el más incómodo. Planteó que lo que une a estas tradiciones es que incomodaron a la izquierda de su tiempo —y siguen incomodando a la nuestra—. Citó a Rosa: la libertad es siempre libertad para quienes piensan distinto. Organizó su intervención en cuatro preguntas: quién es el sujeto de la transformación (no abstracto, con historia y cuerpo); cómo se relacionan organización y democracia (la tensión entre Lenin y Rosa como constitutiva, no a resolver sino a sostener); qué hacemos con la cultura y la conciencia (la batalla cultural no es accesoria, es central); y qué nos demandan hoy. Su respuesta final fue lapidaria: honestidad intelectual sobre los errores propios, ampliar el sujeto revolucionario sin abandonar la contradicción central, recuperar el trabajo territorial permanente y, sobre todo, tener el coraje de proponer un horizonte socialista sin pedir disculpas.
Jaime Navarrete cerró rescatando a Alejandro Lipschutz como uno de los marxistas más importantes del siglo XX en Chile. Su principal contribución fue incorporar al marxismo la cuestión indígena, la raza y el colonialismo. Para Lipschutz, los pueblos indígenas no son vestigios del pasado sino actores históricos sometidos a formas específicas de dominación colonial. Rechazó la falsa oposición entre lucha de clases y cuestión indígena: ambas están articuladas. El racismo no tiene fundamento biológico, es una construcción ideológica para legitimar la explotación. años antes que Quijano o González Casanova, Lipschutz ya esbozaba la idea de racismo estructural y colonialismo interno. Para él, democratizar el Estado requería reconocer la diversidad nacional y cultural. Su legado dialoga con Recabarren: mientras el primero democratizó la ciudadanía desde la clase, Lipschutz democratizó la nación desde la diversidad étnica. Ambos, concluyó, nacionalizaron el marxismo en Chile y ampliaron el horizonte democrático del socialismo. La reedición de su libro "Marx y Lenin en la América Latina y los problemas indigenistas" es una noticia que promete sacar del olvido a un pensador clave.