La muerte de Heinz Dieterich el sábado 18 de julio encendió las alarmas sobre un fenómeno que Luis Jorge Álvarez, doctor en Ciencias Sociales y profesor de la Universidad Pedagógica Nacional, define como “ausencia presente”. El investigador, cercano a los tres pensadores, señala que la partida física de Franz Hinkelammert, Enrique Dussel y el propio Dieterich no significa que sus ideas hayan muerto, pero sí deja un hueco difícil de llenar cuando América Latina enfrenta una nueva ofensiva conservadora.
Dieterich fue el creador del concepto “socialismo del siglo XXI”, inspirado en los aportes de Arno Peters. La propuesta central era reemplazar la economía basada en precios de mercado por un sistema basado en valores trabajo, siguiendo el principio de equivalencia. Por eso, el pensador alemán-mexicano daba su apoyo a gobiernos como los de Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales, aunque los consideraba fases de transición, no el socialismo real. Con el tiempo, incluso diferenció su proyecto de lo que ocurría en Venezuela, donde Chávez anunciaba la existencia del socialismo mientras Dieterich sostenía que aún faltaba camino.
Los tres pensadores compartían un humanismo radical, aunque desde distintas perspectivas. Mientras Dussel hablaba de la vida como primer principio ético y una sociedad transmoderna, Hinkelammert desarrollaba lo que llamó una “ética necesaria”. No opcional, sino obligatoria si la humanidad quiere sobrevivir al destructivo avance del capital. Álvarez recuerda haberlos entrevistado antes de sus muertes y notó en ellos una desesperanza creciente al ver cómo las fuerzas del capital ganaban terreno en la región.
El investigador también recupera el vínculo de Dieterich con China en sus últimos años. El pensador llegó a sostener que el futuro de la humanidad dependía de lo que pasara en el Partido Comunista chino, aunque reconocía que el modelo asiático no puede copiarse en América Latina por diferencias culturales, históricas y políticas. La clave, dice Álvarez, es que el gobierno chino mantiene el control de los puestos de mando de su economía, algo que los gobiernos latinoamericanos han perdido frente a los grandes capitales.
Para Álvarez, la coyuntura actual exige retomar ese legado. Con el regreso de gobiernos de derecha en Ecuador, Perú, Argentina y Colombia, y con México y Brasil como resistencias progresistas, las ideas de Hinkelammert, Dussel y Dieterich son más necesarias que nunca. Frente al “totalitarismo del mercado”, como llamaba Hinkelammert al sistema actual, queda trabajar desde abajo, en barrios, escuelas y sindicatos, para que los pueblos dejen de ser, como decía Bolívar, instrumentos ciegos de su propia destrucción.