El tambaqui, conocido también como cachama o gamitana y uno de los peces más consumidos de la Amazonía brasileña, fue incluido en la lista nacional oficial de especies amenazadas. La decisión, publicada el 27 de abril por el Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático (MMA), clasifica a la especie como Vulnerable debido a proyecciones que indican una disminución del 43.4 % de su población en tres generaciones, producto de la pesca intensiva.
La noticia cayó como un baldazo de agua fría en las comunidades ribereñas. Josué de Castro, pescador amazónico con 38 años de oficio y residente de Sao Raimundo do Jarauá, en el norte del estado de Amazonas, expresó su sorpresa. Para él, el tambaqui representa el 20 % de sus ingresos y una prohibición tendría "un gran impacto en la vida de los pescadores y las comunidades ribereñas". Sin embargo, Castro matiza: "En nuestra zona, no creo que esté en peligro de extinción todavía; aún quedan muchos ejemplares".
La medida no implica una veda automática. Según Braulio Dias, director de conservación del MMA, la pesca podría prohibirse desde finales de octubre si no se aprueba un plan de recuperación. La Ordenanza Nº 1.666 estableció un plazo de 180 días, hasta el 25 de octubre, para que expertos coordinados por el ministerio presenten una hoja de ruta. El plan, que se elabora junto al Ministerio de Pesca y Acuicultura (MPA), busca revertir la inclusión o flexibilizarla en ciertos contextos.
Pero no todos cantan loas a la medida. Igor Hister Lourenço, del Instituto Mamirauá, cuestiona la generalización: "Imponer una restricción general es, cuanto menos, cuestionable". Lourenço señala que no se consultó a los pescadores y que la zona que él conoce aún es rica en tambaqui, mientras que en otras, como el río Madeira, la especie desapareció y reapareció con los años. La falta de datos en unidades de conservación y territorios indígenas, que representan el 39 % del hábitat natural, complica aún más el panorama.
El conflicto también expone una grieta social. Castro, vicepresidente de la Colonia de Pescadores Z-23 de Alvaraes, denuncia una posible injusticia: mientras los pescadores artesanales de lago podrían quedar sin captura, los dueños de piscifactorías, "empresarios con grandes explotaciones", seguirían operando. La lista, que incluye 490 especies de peces e invertebrados, también sumó al pez ballesta gris, popular en Espírito Santo, donde los pescadores de Guarapari ya se movilizan contra una eventual prohibición. Cadu Villaça, del Colectivo Nacional de Pesca, pone el dedo en la llaga: la competencia entre ministerios por sobresalir deja al pargo rojo, cuyo estado empeoró a pesar de un plan de recuperación, como ejemplo de que las estrategias no siempre funcionan. El tambaqui, mientras tanto, espera que el cronograma de octubre no sea solo papel mojado.