El anuncio del Ejecutivo nacional sobre la intención de transformar la Patagonia en un nodo estratégico para el procesamiento de datos, la Inteligencia Artificial y la instalación de infraestructura energética dedicada, encendió las alarmas en las comunidades del sur argentino. La noticia se conoce junto al plan de una empresa polaca para construir un megacentro de datos en Chubut. Lejos de ser una industria inofensiva y "virtual", la radicación de estos centros conlleva un enorme costo socioambiental en el territorio.
Para comprender los alcances reales de este fenómeno, el periodista Pablo Lada dialogó con integrantes del Movimiento Socioambiental Comunitario por el Agua y el Territorio (MOSACAT) de Santiago de Chile. Esta organización autoconvocada lidera la resistencia contra proyectos corporativos de gigantes como Google y Amazon en la zona poniente de la capital chilena. A través de la organización barrial y el empoderamiento ciudadano, lograron visibilizar lo que las empresas suelen ocultar: el consumo desmedido de agua potable subterránea y energía eléctrica para enfriar servidores.
Tania Rodríguez, una de las referentes, explicó que un data center es "una especie de bodegaje para el Norte Global" que utiliza los recursos naturales del sur. Su compañera Tracy detalló que estas infraestructuras pueden ocupar el equivalente a 56 canchas de fútbol y que en el caso de Cerrillos, iban a consumir 169 litros de agua por segundo, un caudal que en cuatro horas llena una piscina olímpica. Esa agua, extraída de napas subterráneas, no se recicla y es potable.
Sobre la promesa de empleo, las activistas fueron contundentes: es "un mito muy cruel". Según sus relevamientos, una vez instalados, estos monstruos generan apenas entre 30 y 50 cargos, que además suelen ser rotativos o híbridos, y no necesariamente ocupados por personas del país. Brian, otro integrante, advirtió que un centro de datos de tipo "hyperscale" consume la misma energía que una comuna entera, superando incluso a la gran minería local.
La lucha en Chile atravesó gobiernos de distinto signo. "Nos sentimos súper decepcionados de este gobierno", afirmaron, al ver que la administración que se autoproclamó ecologista fomenta el ingreso de estos proyectos. La estrategia de resistencia incluyó ferias libres, asambleas vecinales y una disputa comunicacional que logró frenar iniciativas en Cerrillos. La advertencia final para la Argentina es clara: sin consultas ciudadanas y con leyes ambientales débiles, el sur puede convertirse en el patio trasero de una mirada global que precariza la vida.