El jefe de gobierno porteño convirtió el racismo en el eje de su campaña. La política de seguridad, la propaganda millonaria en redes y la vía pública anticipan una gestión que profundiza el apartheid. Federico Pita, politólogo, periodista y presidente de Dias Faro, dialogó con Otro Aire FM Universidad y fue contundente: la derecha, después de casi dos décadas, se aferra a su bastión con un acto desesperado que tiene en la segregación su razón de ser política.
El detonante de esta lectura fue un video difundido por las redes oficiales del Ministerio de Seguridad de la Ciudad. En las imágenes, un joven es cacheado contra una pared en las afueras de Constitución. El agente le pregunta de dónde es y le ordena volverse a Berazategui. Pita marcó la gravedad del hecho: el propio ministerio publicó el hostigamiento racial como parte de su relato. La noción de que si sos de Berazategui no tenés nada que hacer en Buenos Aires es una línea roja que ya fue cruzada.
La metáfora del apartheid no es antojadiza. Pita recordó que en Sudáfrica existía un sistema de pases que restringía la circulación de personas negras. El paralelo con la Ciudad es directo: el pedido de documentos en la calle funciona como excusa para el perfilamiento racial. La portación de rostro es el delito. El racismo se sostiene en una retórica explícita, brutal y pornográficamente racista, que no solo fideliza un núcleo duro sino que propaga el terror y busca la desmovilización.
El especialista remarcó que el problema no es la ropa, el auto ni el barrio. El desprecio a la otredad extrema que amenaza la pureza de un ideal blanco y europeo es el motor. Y aquí aparece el dato histórico que duele: el racismo tiene rango constitucional. El artículo 25 de la Constitución Nacional fomenta la migración europea. La conquista del desierto y el exterminio de los pueblos originarios son parte de la misma matriz que hoy discute la ley de tierras.
Pita cuestionó el silencio de la oposición política. La subestimación de esta agenda es sorprendente. Mientras tanto, la derecha lidera la discusión porque la inventó. La convocatoria es clara: hay que romper la espiral del silencio y empezar a hablar de racismo. La conciencia negra, como la definía Steve Biko, es saberse perseguido políticamente, excluido socialmente y explotado económicamente. Una categoría que alcanza a los que alquilan, a los que toman el tren y a los que usan el hospital público. La mayoría de los que habitan esta ciudad no responde al ideal de una postal blanca y burguesa. Es momento de que los sectores populares ocupen los lugares de decisión y pongan el antirracismo en el centro de la agenda política.