Esta semana, el análisis desde Palestina puso el foco en dos frentes: la expansión de asentamientos israelíes y un gesto diplomático chileno que no pasó desapercibido. En la aldea de José, familias palestinas siguen rodeadas por colonos armados, incluso una con nacionalidad estadounidense, pese a la atención internacional que generó el caso. La situación se mantiene porque el gobierno israelí no muestra intención de frenarla, ya que esa política de desplazamiento y anexión es parte de su estrategia oficial.
Uno de los avances más significativos de la semana es el proyecto E-1, una iniciativa de colonización al este de Jerusalén. Este plan bloquearía el ingreso de palestinos desde el este hacia la ciudad y dividiría estratégicamente el territorio, impidiendo cualquier posibilidad futura de una solución de dos estados. Frente a esto, países europeos, incluida Gran Bretaña, ya evalúan acciones punitivas concretas, como sanciones, algo que hasta hace poco era un tabú en la comunidad internacional. Alemania y otros aliados históricos de Israel también discuten abiertamente esta posibilidad.
En paralelo, la organización conocida como Board of Peace, creada por el presidente Donald Trump como alternativa a Naciones Unidas, intenta operar en Gaza. Una delegación liderada por Jared Kushner, y acompañada por figuras como Nicolai Mladenov y Tony Blair, busca imponer políticas que no consideran los derechos del pueblo palestino. Sin embargo, Israel ha dejado claro su rechazo a cualquier cese del fuego, lo que evidencia las contradicciones de este tipo de iniciativas.
El otro tema que marcó la agenda fue el accionar de la embajada de Chile en Israel. El 20 de agosto, en el marco del aniversario del Club Deportivo Palestino y el natalicio de Bernardo O’Higgins, la sede diplomática publicó un mensaje en redes sociales celebrando una explanada construida por el Fondo Nacional Judío en un parque erigido sobre cuatro aldeas palestinas destruidas en 1948. El video aplaude una iniciativa que, según el análisis, busca borrar rastros de la presencia palestina, plantando bosques sobre las ruinas de esos pueblos.
La publicación generó críticas porque la embajada, bajo el liderazgo de Gabriel Saliesnick, menciona a Jerusalén como parte de Israel. Esto contradice las resoluciones 476 y 478 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que la comunidad internacional no reconoce la soberanía israelí sobre la ciudad. Chile, que hasta ahora respetaba esos lineamientos, parece estar cambiando su postura al difundir mensajes que alinean al país con la narrativa del gobierno de Netanyahu.
Mientras tanto, las elecciones israelíes se acercan y la oposición, aunque busca derrotar a Netanyahu, no cuestiona la ocupación ni los asentamientos. Incluso figuras como Avigdor Lieberman, parte de la oposición, son colonos. La discusión sobre sanciones avanza en el mundo, pero Chile, que tiene la comunidad palestina más grande fuera del mundo árabe, evita pronunciarse abiertamente. La pregunta sobre qué valores comparte Chile con un estado que comete crímenes de guerra queda flotando, mientras la embajada celebra la limpieza étnica en un gesto que podría convertir al país en cómplice de estas acciones.