LA SEMILLA DE PLAISANCE: UNA CAMPESINA HAITIANA CONTRA LA NARRATIVA DEL CAOS
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LA SEMILLA DE PLAISANCE: UNA CAMPESINA HAITIANA CONTRA LA NARRATIVA DEL CAOS

(★) .- Una joven líder del campo desmiente el relato de un país ingobernable con la fuerza de la tierra y la memoria de su madre, en nota de viacampesina.org.

Mircheline Aduel camina entre los puestos de comida de la Utopía Estrella en Iztapalapa, Ciudad de México, y saluda a sus compañeros como quien reconoce a una familia extendida. Su pueblo, Plaisance, en el departamento norte de Haití, permanece tranquilo, ajeno a la imagen de un país hundido que repiten los medios tradicionales. “Yo solo veo armas en mano de la policía de mi comunidad, no hay bandas del crimen organizado en mi pueblo”, afirma con la seguridad de quien conoce los dos extremos de su tierra.
La joven Aduel llegó a México para participar en el VIII Congreso Continental de la CLOC-La Vía Campesina, cuyo eje fue la soberanía alimentaria. Su historia es la de una travesía forzada: salió de Haití entre combis, camiones y un helicóptero porque las bandas armadas tomaron el aeropuerto de Puerto Príncipe. En la capital, un día volviendo del trabajo, encontró su casa destrozada, muebles tirados al piso, libros despedazados. “Al igual que a mí, lo mismo le pasó a miles de personas”, recuerda mientras muestra un video en su celular. Poco después decidió volver a su pueblo e integrarse a militar desde el campo.
Hija de una Madansara, nombre criollo para las vendedoras ambulantes de productos agrícolas, Mircheline sigue el legado de su madre, que fue líder de Têt Kolé Ti Peyizan Ayisyen, organización fundada en 1977 bajo la dictadura de Jean-Claude Duvalier y que nació en la clandestinidad. Hoy, esa organización campesina sostiene un banco de semillas, sectores de transformación de productos agrícolas y una economía solidaria. “Trabajamos juntos con otras organizaciones que tienen la misma cosmovisión que nosotros: garantizar la soberanía alimentaria primero, y después construir la soberanía política”, explica.
La militancia de Aduel se define como afro-feminista, campesina y popular. Denuncia el racismo sistémico que sufre como mujer negra y las violaciones sistemáticas contra las mujeres haitianas por parte de bandas armadas y grupos paramilitares dominicanos. Pero su mirada apunta a la raíz del problema: un estado anticampesino que desde la independencia mantiene una fuerte desigualdad de recursos. “Por eso mi proyecto de vida es construir una reforma agraria integral y popular”, afirma, convencida de que la tierra tiene que ser libre para las personas que la trabajan.
Su esperanza se apoya en la formación política y en autores como Paulo Freire, que enseña que la educación es un instrumento de liberación. Frente a la crisis del hambre y la migración masiva de jóvenes, Mircheline sostiene con fuerza que un futuro mejor es posible en Haití. “Nosotros somos quienes producimos el alimento, somos la fuerza de la tierra y de la vida”, dice, y en esa frase resuena la certeza de que la utopía no es un sueño lejano sino una práctica cotidiana que se siembra, se cosecha y se comparte.