Los números son contundentes y alarmantes: Argentina enfrenta un brote explosivo de tos convulsa que expone las profundas grietas del sistema de salud. Según el último Boletín Epidemiológico Nacional, los casos confirmados aumentaron un 3.725% respecto al promedio 2021-2025, con 153 contagios en las primeras seis semanas de 2026. Esta cifra duplica los registros del año pasado y marca el nivel más alto desde 2019.
El 34% de los afectados son menores de un año, principalmente lactantes menores de seis meses. Las provincias más golpeadas -Buenos Aires, CABA, Córdoba, Santa Fe y Mendoza- coinciden con las que presentan las tasas de vacunación más bajas. La correlación es directa: donde falla la prevención, triunfa la enfermedad.
La caída en las coberturas vacunales, agravada por la pandemia, creó un escenario perfecto para el resurgimiento. En 2023, la cobertura en lactantes alcanzó su piso histórico con apenas 68,8%, lejos del 95% necesario para interrumpir la transmisión. En embarazadas, la vacunación con triple bacteriana acelular apenas llegó al 69%, dejando desprotegidos al 30% de los recién nacidos.
Este fenómeno no es exclusivo de Argentina. La región de las Américas pasó de 3.284 notificaciones en 2021-22 a 66.184 en 2024. La Organización Panamericana de la Salud ya alertó sobre el resurgimiento de brotes en América Latina.
La tos convulsa, causada por la bacteria Bordetella pertussis, es particularmente peligrosa en lactantes no vacunados o con esquemas incompletos. Puede progresar desde síntomas similares a un resfrío hasta tos violenta con vómitos, apnea y cianosis.
El Calendario Nacional establece vacunación a los 2, 4 y 6 meses, refuerzos a los 15-18 meses, 5 y 11 años, y en cada embarazo a partir de la semana 20. Sin embargo, las brechas en la aplicación reflejan desigualdades territoriales profundas.
Mientras algunas provincias mantienen altas tasas de inmunización, otras como Buenos Aires, CABA y Santa Fe presentan las coberturas más bajas. Esta disparidad geográfica en el acceso a la prevención configura un mapa de vulnerabilidad que el sistema sanitario no logra corregir.
El inicio del ciclo escolar intensifica la preocupación. Las autoridades insisten en que toda la comunidad educativa debe estar debidamente protegida para evitar la propagación en aulas y hogares. Pero la pregunta persiste: ¿cómo garantizar protección cuando las coberturas vacunales sistemáticamente fracasan?
La respuesta requiere más que alertas epidemiológicas. Exige un replanteo profundo de las estrategias de vacunación, el fortalecimiento de la atención primaria y el reconocimiento de que la salud pública no puede depender de esfuerzos individuales en un sistema fragmentado. Los lactantes pagan con su salud las fallas estructurales que persisten más allá de cualquier emergencia sanitaria.
>> Ver Informe Boletín Epidemiológico Nacional (Semana epidemiológica 6 - Año 2026)