La carne, el huevo, los cereales y el agua que llegan a la mesa tienen un vínculo directo con la tierra que se habita, pero ese lazo se ha vuelto casi invisible. En la Convención de Naciones Unidas contra la Desertificación y la Sequía, que finalizó este viernes en Mongolia, los especialistas advirtieron que la forma de obtener los alimentos está impactando los suelos. Naciones Unidas calcula que el 40 por ciento de las tierras del planeta están degradadas y que desde el año 2000 las sequías aumentaron su frecuencia y duración en un 29 por ciento.
Sin embargo, el vínculo entre los alimentos, los territorios y la vida cotidiana es un aspecto que poco se aborda. Barron Joseph Orr, jefe científico de la Convención, lo explica con un ejercicio simple: cuando se pide a un grupo de niños que dibuje un pollo, la mayoría traza un pollo procesado y cocinado, envuelto en una bolsa de supermercado. La conexión entre lo que se come y el suelo es muy débil, advierte.
Glenda Inés Mangia, de la Fundación Cauce Cultura Ambiental de Argentina, señala que Latinoamérica vive con la constante degradación de sus tierras, donde predominan los monocultivos, las semillas transgénicas y los agroquímicos, que aceleran la pérdida de materia orgánica. Esto no solo genera alimentos de menor calidad nutricional, sino que disminuye la capacidad productiva del suelo. Por eso, la propuesta de una dieta de salud planetaria, con mayor consumo de alimentos de origen vegetal y moderación de lácteos y carne vacuna, aparece como un camino posible.
Las ciudades también entran en la discusión. Alejandra Ramos Gálvez, investigadora de la Universidad de Naciones Unidas, sostiene que al importar la mayoría de los alimentos, las urbes pierden de vista su contribución a la degradación del territorio. Con proyecciones de que para 2050 cerca del 80 por ciento de la población vivirá en ciudades, la especialista reclama urbes capaces de producir sus propios alimentos, con huertos urbanos y jardines colgantes.
El sector privado brilla por su ausencia. Mangia lamenta que sean pocas las empresas presentes y que vayan con otras intenciones. Mientras tanto, la Iniciativa Emblemática Mundial para la Seguridad Alimentaria, lanzada en 2024 en la COP16 de Riyadh, logró un acuerdo con 40 gobiernos y organizaciones para financiar innovaciones científicas, con más de 10 mil millones de dólares para beneficiar a 120 millones de agricultores, aunque por ahora enfocado en el Sahel africano. La restauración de la tierra no es solo una cuestión técnica, sino una disputa por el sentido de lo que comemos cada día.