EL ARTE COMO TRINCHERA: LOS VUELOS DE LA MUERTE REGRESAN COMO PREGUNTA ABIERTA
Arte y Pensamiento

EL ARTE COMO TRINCHERA: LOS VUELOS DE LA MUERTE REGRESAN COMO PREGUNTA ABIERTA

(★) .- Una muestra en Buenos Aires desentierra la noche más oscura del terrorismo de Estado para interpelar los pactos de silencio del presente.

En el Centro Cultural de la Cooperación, la artista chilena Milagro Torreblanca expone Oí a la noche llorar, una muestra que hurga en las heridas del terrorismo de Estado en Argentina y Chile para proponer un ejercicio poético contra la desmemoria. Curada por Ernesto Pereyra, la exhibición no ofrece consuelo: presenta un motor de aviación rugiendo en la distancia y el efecto del pentotal sódico adormeciendo cuerpos antes del traslado final, como prólogo de una poética helada que recupera los vuelos de la muerte.
La propuesta nace del 50° aniversario del Golpe de Estado en Argentina y se inscribe en dos décadas de reflexión formal de Torreblanca sobre la violencia institucional. La serie de retratos velados por telas interpela al espectador sobre la nitidez con la que conservamos la memoria, mientras la secuencia fotográfica Y todo oscureció muestra el Río de la Plata interrumpido por vacíos que evocan los cuerpos arrojados. La instalación Mapeo deconstruye el territorio argentino en piezas cerámicas negras, con el nombre de cada centro clandestino de detención otorgando peso ético a la materia.
La obra ¿Existe un momento preciso en el que se ven la cara la utopía y la realidad? responde con doce relojes sin agujas, mientras las cartas encriptadas de textos calados visibilizan la represión de la dictadura de Pinochet en el país natal de la artista. Pereyra advierte que abordar este corpus implica caminar sobre alfileres, transitar con pasos livianos pero conscientes del peso del cuerpo histórico.
La muestra, que puede verse en la Sala Abraham Vigo hasta el 30 de septiembre con entrada libre y gratuita, reafirma la vigencia del arte como dispositivo político de resistencia. En tiempos donde el negacionismo pugna por reescribir la historia, estos retratos velados y relojes detenidos instalan la pregunta incómoda: qué hacemos con aquello que preferimos no ver. La noche sigue llorando, pero ahora tiene quien la escuche.