Hay cosas que se hacen a pesar de todo. Como sembrar en tierra seca. Como juntarse a leer cuando afuera aprieta el cerco. La 34 Feria Internacional del Libro y la Literatura terminó su camino en Santiago de Cuba, y los que la vieron crecer desde el 10 de agosto cuentan que fue un milagro: sortear el bloqueo recrudecido para regalarle a la familia cubana esta fiesta que honra a Fidel Castro Ruz, en el año de su Centenario. Así lo dijo Juan Rodríguez Cabrera, presidente del Instituto Cubano del Libro, en la clausura.
No fue una fiesta cualquiera. Fue una que se hizo en menor formato, pero no se renunció a ella. Más de dos millones de ejemplares encontraron manos que los esperaban. Unas mil ochocientas novedades editoriales salieron a la luz. Miles de actividades juntaron a más de setecientas mil personas. Y en esa multitud, amigos de 36 países acompañaron, con especial cariño de la Federación de Rusia, a quien los organizadores agradecieron con palabras que no se llevó el viento.
En el camino, el proyecto Cuba digital cumplió su octava vuelta, empujando la idea de que los libros también viajan en formato sin papel, para llegar a más cubanos y cubanas. Y en el cierre, la Heroica Santiago recibió un reconocimiento especial del Comité Organizador, porque ahí, como siempre, se hizo la convocatoria para la 35 Feria, la de Cuba 2027.
También hubo agasajos: la Asociación de Comunicadores Sociales honró al Centro de Promociones Literarias José Soler Puig, y la Editorial Oriente, que este año sopló 55 velitas, se llevó el Gran Premio de Comunicación Social. El acto, presidido por Beatriz Johnson Urrutia, fue el lugar para presentar las obras escogidas de Raúl Castro, a cargo de Jorge Luis Aneiro Alonso, de la Oficina de Asuntos Históricos de la Presidencia. La tierra sigue dando. La palabra, también.