EL CERCO INFORMATIVO Y LA NECROMÁQUINA COMUNICACIONAL: MÁS PRIVILEGIOS, MENOS DERECHO
Reflexión breve

EL CERCO INFORMATIVO Y LA NECROMÁQUINA COMUNICACIONAL: MÁS PRIVILEGIOS, MENOS DERECHO

(★) .- La concentración mediática no solo restringe el paisaje informativo, sino que opera como un dispositivo de control social que transforma derechos en privilegios y ciudadanos en consumidores de odio.
La concentración mediática y la uniformidad discursiva en Argentina no son fenómenos aislados, sino parte de una "necromáquina" comunicacional que impone agendas desde centros de poder económico. El análisis de los principales portales revela un patrón de homogeneización donde los medios tradicionales operan bajo un "régimen narrativo" que busca regular la lucha por el poder de la enunciación. Mientras agendas complejas sobre derechos humanos son invisibilizadas, se instalan narrativas del miedo que saturan el sentido común, justificando la exclusión de quienes disienten del orden establecido. 
La economía política de la información muestra que los grandes conglomerados priorizan contenidos que alimentan el "yopitalismo", un modo de vida donde el "yo" es el eje ético del capital y la felicidad se alcanza únicamente a través del consumo. En esta "democracia-espectáculo", la información se convierte en un producto de entretenimiento que neutraliza el potencial crítico, transformando a los sujetos en consumidores pasivos de soluciones efectistas y emociones básicas.
La hegemonía neoliberal se consolida mediante la construcción de un "sentido común" que beneficia a las élites. Los medios masivos actúan como dispositivos que naturalizan la eficiencia del mercado y el peligro de lo público, etiquetando como "terroristas" o "demonios" a los movimientos sociales que buscan transformar las desigualdades. Este lenguaje maniqueísta, que solo admite "sí" o "no", clausura el debate democrático y protege los privilegios de la "gente de bien" bajo el disfraz de libertades individuales.
La sociedad enfrenta un doble cerco: uno económico de concentración de propiedad y uno simbólico de precariedad simbólica. Para revertir este declive, es urgente transitar hacia una soberanía comunicacional que recupere la comunicación como un derecho humano esencial para la re-existencia colectiva. La verdadera democracia requiere no solo pluralidad de voces, sino la capacidad de imaginar otras narrativas orientadas al cuidado común y al goce de derechos universales, arrebatándole al mercado el monopolio de la esperanza.