En apenas cuatro semanas, el gobierno de ultraderecha de José Kast ha desplegado un brutal ataque contra los trabajadores chilenos. Según el análisis publicado en Liberación.cl, el desmantelamiento comenzó desde el primer día con medidas que afectan directamente los niveles de vida de la población. La negativa a utilizar el MECPO para estabilizar precios de combustibles provocó alzas brutales en bencina y petróleo, impactando en todos los productos básicos que consumen las familias populares.
El régimen utiliza el argumento del Estado quebrado -desmentido por economistas de diversas corrientes- para justificar recortes mientras favorece a los grandes empresarios. La reducción de impuestos al 1% más rico contrasta con el ajuste fiscal del 3% aplicado a todos los ministerios. En salud, esto significa más de 517 mil millones de pesos menos, afectando a 15 millones de personas en un sistema ya colapsado. En educación, el recorte alcanza los 524 mil millones, limitando la gratuidad universitaria.
El ataque ambiental es igualmente grave: retiro de 43 decretos ambientales que protegían contra la depredación minera, pesquera y forestal. Se mantiene la corrupta ley Longueira que entrega el mar chileno a siete familias, perjudicando a pescadores artesanales y mapuches. En derechos humanos, el desmantelamiento del Plan de Búsqueda de detenidos desaparecidos de la dictadura muestra la continuidad con el negacionismo histórico.
La respuesta popular no se hizo esperar. De un 58% electoral, Kast cayó al 41% de aprobación en solo un mes, la erosión más rápida desde 1990. Las movilizaciones del Día Mundial del Agua reunieron miles en Santiago y Valparaíso contra los retrocesos ambientales. Estudiantes secundarios y universitarios marcharon contra los recortes educativos. La pregunta que surge es cómo enfrentar esta ofensiva. La historia de la clase trabajadora muestra que la organización y la huelga general son herramientas fundamentales para defender derechos básicos. Se necesitan comandos locales en cada espacio de trabajo, estudio y territorio para construir una paralización exitosa que obligue al empresariado a respetar la dignidad humana. La alternativa es clara: organización popular o retroceso al siglo pasado.