El Sindicato La Fraternidad denuncia una reducción promedio del 33% en los servicios ferroviarios durante los últimos dos años, situación que califica como "involución planificada" del sistema. La falta de material rodante y repuestos configura un escenario de colapso operativo que amenaza con la desaparición definitiva de los trenes como medio de transporte masivo. Los trenes de larga distancia prácticamente han dejado de funcionar, afectando conexiones vitales como Retiro-Tucumán, Retiro-Córdoba y Buenos Aires-Mendoza.
El transporte de carga enfrenta su propia debacle con trenes circulando a apenas 15 kilómetros por hora y un promedio de tres descarrilamientos diarios. Esta situación refleja décadas de abandono sistemático que comenzó con el ferrocidio menemista y se profundiza bajo políticas neoliberales actuales. La pregunta que plantea el gremio resulta cada vez más urgente: "¿Debemos esperar que los ferrocarriles desaparezcan?".
La respuesta parece estar en la lógica de un modelo que privilegia el transporte automotor privado sobre el sistema ferroviario público. La desaparición de los trenes no sería un accidente sino la consecuencia previsible de políticas que buscan mercantilizar hasta el último servicio público. La solidaridad entre trabajadores ferroviarios y usuarios se vuelve fundamental para resistir este desmantelamiento que afecta especialmente a las provincias del interior, históricamente marginadas en las decisiones de transporte nacional.