CUANDO LA SOCIEDAD SIEMBRA VIENTO, LAS AULAS COSECHAN TEMPESTADES
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CUANDO LA SOCIEDAD SIEMBRA VIENTO, LAS AULAS COSECHAN TEMPESTADES

(★) .- La violencia escolar no nace en la escuela: es el espejo de un sistema que la glorifica desde el poder hasta el comedor de casa.

La escuela no es una isla. Lo que estalla en los pasillos y aulas es el reflejo de una sociedad que entrona la violencia en cada propuesta: desde las políticas del régimen Milei hasta los programas de televisión que convierten el grito y el golpe en entretenimiento. Los sociólogos bonaerenses advierten que pretender aislar el conflicto escolar del contexto social es un error garrafal. La violencia que vemos en las escuelas es la misma que vivimos en los barrios, en los hogares y en la cancha.
En Chubut, la respuesta del gobernador Torres fue punitiva: más policías, más penas, más control. Pero esa mirada no escucha a la comunidad educativa. Docentes, estudiantes y familias reclaman diálogo, presupuesto y políticas de cuidado, no mano dura. La derecha siempre apuesta a endurecer las condenas, pero el problema de fondo no es judicial: es estructural.
La sociedad argentina está atravesada por una crisis de lazos sociales. La precarización laboral, el ajuste y la falta de futuro generan un caldo de cultivo donde la violencia se naturaliza como formato vincular. Desde la pareja, los vínculos padre/madre hijos/as, amigos/as, compañeros/as, hasta con quiénes no conocemos y nos rozamos en la calle. Vínculos estresados, alienados por una realidad económica que nos expone a una violencia continua del no llegar a lo básico. Violencia de ver cada día cómo el gobierno avanza sobre derechos conquistados, y naturaleza la violencia con un sin fin de injusticias una tras de la otra, desalojo de jubilados, represión a discapacitados, desocupación en aumento galopante, inflación  encubierta y paralelamente la corrupción  a cara descubierta con funcionarios de gobierno robándonos millones. Los pibes no nacen violentos: aprenden de un mundo adulto que resuelve todo a los gritos o a los tiros. La escuela, entonces, queda como el territorio donde ese malestar explota.
No se trata de negar la gravedad de los hechos, sino de entender que la respuesta punitiva es un parche. Si seguimos sembrando viento con políticas de exclusión y entretenimiento violento, las tempestades en las aulas van a seguir. La pregunta incómoda es si estamos dispuestos a cambiar el rumbo o sólo a lamentarnos cuando el temporal ya pasó.