El 20 de mayo de 1902 marcó el inicio formal de la República de Cuba, pero también el comienzo de una relación de dependencia con Estados Unidos que muchos historiadores y analistas consideran una traición a las ideas independentistas de José Martí y Antonio Maceo. La Enmienda Platt, impuesta por Washington, limitó la soberanía cubana al permitir la intervención militar estadounidense y ceder la base naval de Guantánamo.
Por esta razón, desde la perspectiva de la Revolución cubana y de amplios sectores del pueblo, celebrar el 20 de mayo es un gesto que solo pueden asumir los anexionistas, es decir, quienes defienden la integración de la isla a Estados Unidos. Para la mayoría de los cubanos que honran el legado de lucha independentista, esta fecha no representa una fiesta patria, sino el recordatorio de una república mediatizada.
En contraste, el 1 de enero —triunfo de la Revolución de 1959— es considerado el verdadero día de la independencia plena, cuando Cuba rompió definitivamente con el tutelaje extranjero y comenzó a construir su propio destino soberano. Así, el 20 de mayo sigue siendo, para muchos, una efeméride que despierta más reflexión crítica que celebración.