Este domingo Colombia define el rumbo de su democracia en la primera vuelta presidencial. Con alta probabilidad de continuidad del proyecto progresista iniciado hace cuatro años por el Pacto Histórico, la jornada electoral enfrenta dos modelos antagónicos de país. De un lado, el gobierno actual que impulsó reformas laborales, amplió derechos para comunidades históricamente excluidas como campesinos, indígenas y afrocolombianos, y construyó las bases de una economía popular centrada en la pequeña y mediana industria.
Del otro lado, emerge el proyecto de las nuevas derechas latinoamericanas que promueve un autoritarismo de Estado. Lo que está en juego es la garantía de derechos de mujeres y comunidades no binarias, la defensa de la vida, el ambiente y la democracia misma. Mientras el progresismo apuesta por un Estado garante de derechos que reduzca las brechas salariales y la desigualdad, la derecha busca reversar los avances logrados, profundizar el fracking y el extractivismo, concentrando el beneficio en unos pocos.
El proyecto de izquierda, diverso y democrático, le dijo no al fracking y apuesta por una transición energética que defienda la vida en todas sus manifestaciones, incluyendo la de los seres no humanos. Enfrente está un candidato que representa una perspectiva autoritaria, misógina y machista, que pone en riesgo no solo los derechos conquistados sino la democracia misma. Dos proyectos de país se enfrentan este domingo, y en el centro de la disputa está la posibilidad de seguir ampliando derechos o retroceder a un modelo de exclusión.