El dato cae como piedra en el agua quieta. Más de cien mil pacientes esperan por una operación en Cuba. Doce mil de ellos son niños. La mortalidad infantil subió de 4,4 por cada mil nacidos en 2018 a 9,9 en 2025. No es una cifra que se lea: se toca. Se cuenta en camas vacías, en madres que hacen cola por un remedio que no aparece, en médicos que estiran lo que no alcanza.
La isla presentó ante la ONU su informe sobre el bloqueo entre marzo de 2025 y febrero de 2026. Allí denunció que esa política de castigo colectivo sigue cobrando vidas. La Relatora Especial sobre medidas coercitivas unilaterales pidió que se levante, la calificó de ilegal, violatoria de los derechos humanos. Cuba lo dijo sin vueltas: los artífices de ese cerco celebran como triunfo la agonía de una familia que pierde un hijo por falta de medicamentos.
El Comité Central del PCU, reunido el 12 y 13 de setiembre en Montevideo, volvió sobre el tema. Recordó que Estados Unidos presionó a Uruguay para que expulsara a los médicos cubanos. Esos médicos devolvieron la vista a más de cien mil uruguayos. La injerencia no se acepta. La solidaridad se agranda con el Frente Amplio y el movimiento popular, dijeron, y se hace concreta.
Hay un aniversario que pesa. El golpe contra Salvador Allende en Chile. Otro momento de ofensiva imperialista contra los pueblos de Nuestra América. Hoy el centro de esa agresividad es Cuba.
Queda una tarea que no se cierra. Llevar esa solidaridad a cada patio, a cada vereda. Que el bloqueo deje de ser un dato lejano y se vuelva un nombre que se pronuncia.