EL FUEGO DE LA RAZÓN REVOLUCIONARIA: MARX A LOS 208 AÑOS
Un día como hoy

EL FUEGO DE LA RAZÓN REVOLUCIONARIA: MARX A LOS 208 AÑOS

(★) .- Una reflexión sobre el humanismo realista de Karl Marx y su vigencia como arma de liberación para los trabajadores del siglo XXI.

A 208 años de su nacimiento en Treveris, Prusia, Karl Marx se mantiene como una figura central de la historia humana porque su pensamiento no es un dogma estático, sino una praxis revolucionaria en constante movimiento. Lejos de ser un materialismo mecánico y frío, su teoría constituye un humanismo realista que coloca a la persona de carne y hueso en el centro del proceso histórico. Este pensador enseñó que los seres humanos no somos marionetas pasivas de nuestro entorno, sino sujetos activos capaces de modificar las circunstancias que nos moldean. A través de la inversión de la praxis, la humanidad crea su propio mundo y, al hacerlo, transforma su propio espíritu y su conciencia de manera incesante.
La faceta menos difundida en los fríos nichos académicos es la del Marx organizador del movimiento obrero moderno. Lejos de ser un pensador de gabinete, junto a Federico Engels fundó sociedades de correspondencia comunista en Bruselas, Londres y París con el objetivo de organizar a los trabajadores y orientarlos en la lucha de clases. Dictó conferencias sobre crítica de la economía política dirigidas a los obreros para que comprendieran los mecanismos de la explotación capitalista. En la primavera de 1847, ambos se afiliaron a la Liga de los Comunistas, una sociedad secreta de propaganda, y por encargo de su Segundo Congreso redactaron el Manifiesto del Partido Comunista, publicado en febrero de 1848. Allí trazaron con claridad genial una nueva concepción del mundo: el materialismo consecuente, la dialéctica como doctrina del desarrollo, y la teoría de la lucha de clases con la misión revolucionaria del proletariado como creador de una nueva sociedad.
Su denuncia contra la alienación quema con una actualidad absoluta en un sistema que persiste en reducir al trabajador a una mera mercancía. Esta deshumanización despoja a la clase obrera de su iniciativa y autonomía, convirtiéndola en un simple apéndice de la maquinaria del capital. La lucha de Marx fue siempre una batalla por la reconquista del ser humano, buscando disolver las cadenas que transforman nuestro esfuerzo creativo en un tormento ajeno. Él vislumbró un horizonte donde el libre desarrollo de cada uno sea la condición para el libre desarrollo de todos, una sociedad de individuos verdaderamente libres y asociados.
Cuando los trabajadores de Inglaterra, Francia y Alemania retomaron la iniciativa en la década de 1860, Marx se hallaba radicado en Londres. Fue invitado a participar del consejo general de la Primera Internacional y a redactar su Manifiesto Inaugural. Rápidamente se puso al frente de la organización, siendo autor de numerosas resoluciones y manifiestos, entre ellos los que describen y analizan la gran insurrección de la Comuna de París de 1871. Como señaló Lenin, la Primera Internacional cumplió su misión histórica y dio paso a una época de desarrollo amplio del movimiento obrero en todos los países del mundo.
Como expresó Engels ante su tumba, Marx era ante todo un revolucionario. Contribuir al derrocamiento de la sociedad capitalista y colaborar con la emancipación del proletariado, al que dio por primera vez conciencia de su propia situación y de las condiciones de su liberación, fue su verdadera vocación. Fue el hombre más odiado y calumniado de su tiempo, expulsado por gobiernos absolutistas y republicanos por igual. Sin embargo, murió venerado, querido y llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria diseminados por Europa y América. Su nombre y su obra viven a través de los siglos. Honrar su memoria hoy implica empuñar la crítica de las armas y la fuerza de la conciencia para demoler las relaciones que nos mantienen subyugados, abrazando la lucha por un mundo realmente nuevo.