El régimen Trump presentó su último espectáculo de poder con un discurso récord de casi dos horas, pero detrás de la pompa y los aplausos republicanos se esconde una realidad desnuda de despotismo creciente. El presidente utilizó el escenario del Capitolio para montar un circo político donde premió a deportistas, condecoró veteranos y amenazó a Irán, todo en un intento desesperado por ocultar su declive político.
La verdadera naturaleza del régimen se reveló en los momentos de tensión. Cuando Trump exigió a los demócratas ponerse de pie para apoyar su retórica antiinmigrante, las congresistas Ilhan Omar y Rashida Tlaib le gritaron "¡Estás matando estadounidenses!", refiriéndose a los ciudadanos asesinados por agentes federales en Minneapolis. El representante Al Green fue escoltado fuera de la cámara por sostener un cartel que decía "¡Los negros no son monos!", recordando el video racista que Trump compartió mostrando a los Obama como primates.
El discurso estuvo plagado de falsedades monumentales. Trump afirmó haber heredado "inflación en niveles récord" cuando en realidad heredó una tasa del 3%, lejos de cualquier récord. Prometió que los aranceles "reemplazarán sustancialmente el sistema moderno de impuestos sobre la renta", una fantasía económica sin sustento. Y mientras hablaba de una "edad dorada", el desempleo ha aumentado bajo su mandato y el crecimiento del empleo en 2025 fue uno de los peores en décadas.
La amenaza más preocupante vino en su retórica sobre fraude electoral. "Quieren hacer trampa", dijo Trump sobre los demócratas. "Han hecho trampa, y su política es tan mala que la única forma en que pueden ser elegidos es haciendo trampa". Esta narrativa, sin evidencia alguna, prepara el terreno para nuevas amenazas a la democracia en un año electoral difícil para los republicanos.
El régimen mostró su lado más intervencionista al anunciar que el vicepresidente JD Vance liderará una "guerra contra el fraude" y al amenazar nuevamente a Irán con acciones militares. Trump afirmó que Teherán está "persiguiendo nuevamente sus ambiciones siniestras", contradiciendo su propia declaración de hace ocho meses de haber "obliterado" su programa nuclear.
¿Quién ve al rey desnudo? Los medios corporativos siguen cubriendo el espectáculo, los republicanos aplauden obedientemente, pero en las calles y en las comunidades afectadas por las políticas del régimen, la verdad es evidente. Este despotismo disfrazado de patriotismo representa una amenaza creciente no solo para Estados Unidos sino para la estabilidad global, y su desnudez ideológica se hace más evidente con cada nueva mentira y cada nueva amenaza.