La Dirección Nacional de Migrantes y Refugiados de la CTA-A, que depende de la Secretaría de Derechos Humanos del sindicato, repudió el DNU 681/2026 firmado por Javier Milei. Su titular, la abogada Yolanda Moreno, fue contundente: no se trata de una defensa de la convivencia social, sino del "decreto del odio", un dispositivo de censura selectiva y control político sobre las personas extranjeras, edificado sobre conceptos jurídicos vacíos y una paranoia contra la Argentina.
La norma retoca la Ley de Migraciones 25.871 y suma causales para negar el ingreso, cancelar residencias y expulsar gente del territorio. El artículo 1 incorpora el inciso "m" al artículo 29: podrán rechazar a quien dirija mensajes de odio contra el pueblo argentino, incite a la violencia contra argentinos por su nacionalidad o ultraje los símbolos patrios.
Moreno marcó que la coletilla según la cual "en ningún caso" el disenso ideológico contará como odio es pura declaración: el decreto no establece cómo distinguir la crítica de la agresión, no fija garantías ni parámetros probatorios. Sus considerandos forman un catálogo de alarmismo identitario sin una sola estadística, y la idea del "respeto básico" que las personas extranjeras deberían a los nacionales convierte un sentimiento difuso de hostilidad en criterio jurídico: difícil de medir, fácil de manipular y peligrosísimo.
La directora considera la jugada inconstitucional porque lee el Preámbulo de manera sesgada: recupera la apertura histórica del "todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino" y, en el mismo gesto, impone a la persona migrante un examen moral de adhesión simbólica a la nación. Y redobló la apuesta: la Argentina no es racista; racista es el gobierno que insulta a su propio pueblo, el presidente que se arrodilla ante los poderosos, se declara fan de los fascistas, defiende saludos nazis y se abraza a la jefa política que hundió un barco lleno de argentinos.
Moreno dibujó la Argentina real: el albañil paraguayo que levanta edificios en Constitución, la textil boliviana que cose en Flores y Liniers, la enfermera peruana que sostiene las guardias del hospital público, la maestra tucumana y la trabajadora jujeña que corta la ruta para defender su salario. Tras el Mundial 2026, denunció, la maquinaria mediática internacional activó el viejo reflejo colonial: señalar a un país mestizo como salvaje, criminalizar a su hinchada y volver "pecado racial" lo que en Europa es folclore de cancha.
El cierre apunta al fondo: Milei usa la polémica como combustible para su cruzada contra el "zurderío", el "wokismo" y los "parásitos mentales", enemigos fantasma que, según Moreno, existen para justificar el ajuste y la represión.