HAMBRE DE JUSTICIA: EL AYUNO QUE SACUDE LA PLAZA
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HAMBRE DE JUSTICIA: EL AYUNO QUE SACUDE LA PLAZA

(★) .- La Mesa Ecuménica planta bandera contra la crueldad institucionalizada y convoca a una rebelión colectiva de las conciencias.

Nace una insurgencia espiritual en la Capital Federal para enfrentar el desguace planificado de la vida digna. La Mesa Ecuménica por la democracia y el bien común inició una jornada de ayuno y oración hasta el 9 de junio con respaldo de centrales obreras y referentes de derechos humanos. Este gesto colectivo busca sacudir a una sociedad asediada por políticas que desprecian la justicia social y el encuentro comunitario. Es una respuesta contundente desde la fe comprometida frente a un modelo que prioriza el lucro corporativo sobre la existencia misma de les oprimides de nuestra patria.
La convocatoria surgió del encuentro con el malón de los pueblos originarios y se consolidó acompañando a les jubilades que sufren represión policial cada miércoles. Pastores, pastoras y militantes sociales confluyen en la Plaza de Mayo para denunciar el desmembramiento de la matriz solidaria de nuestro pueblo. El gobierno utiliza falsas invocaciones celestiales para encubrir un programa de miseria que violenta a las mayorías populares. El diácono Ricky Carrizo señala que el ayuno es una herramienta para recuperar la empatía necesaria en la lucha por causas justas. El apoyo de Pérez Esquivel y las centrales obreras refuerza el carácter político de esta protesta que reclama soberanía sobre cuerpos y territorios. Esta Iglesia recupera el legado de obispos mártires como Angelelli, asesinados por la dictadura por su compromiso popular.
El escenario actual revela una mentira electoral que utiliza retóricas místicas para justificar el abandono de los comedores populares y la retención de alimentos. La meritocracia se impone como una ficción que ignora la desigualdad estructural de las niñeces vulnerables. Frente a la descomposición social, les curas en opción por los pobres convocan a una rebelión de las conciencias. La unidad entre espiritualidad y conflictividad social permite enfrentar la fragmentación que el sistema intenta cristalizar mediante el miedo y la sumisión.
Resulta urgente volver a lo humano para reconstruir los vínculos que el mercado pretende transformar en códigos de barras. La soberanía política se nutre de este protagonismo popular manifestado en la radio abierta y en celebraciones diarias con artistas como Bruno Arias. Afirman los convocantes: no somos números en una planilla de ajuste; somos una comunidad que se reconoce en la solidaridad y el bien común. La esperanza se construye en la calle, resistiendo la violencia institucional y reclamando una patria donde la dignidad sea el eje político. Esta lucha es un mandato ético para no permitir que la crueldad saquee nuestra humanidad.