Cientos de inmigrantes detenidos en el Centro de Detención North Lake, en Baldwin, Michigan, iniciaron una huelga de hambre y de trabajo que ya paraliza el penal más grande del Medio Oeste estadounidense. La instalación, operada por la corporación GEO Group, es un engranaje del complejo industrial de la detención que lucra con el sufrimiento migrante. La protesta, que arrancó el 19 de abril y se masificó el 25, denuncia condiciones deplorables, negligencia médica sistemática y una negación absoluta del debido proceso.
Los testimonios que lograron filtrarse desde el interior son escalofriantes. Los reclusos denuncian que las paredes de los baños están completamente amarillas, los techos se agrietan y la única "medicina" que reciben para infecciones dentales, diabetes o presión alta es Tylenol o aspirina. Las citas médicas se cancelan rutinariamente. "Si tienes dolor, no les importan tus síntomas. Solo te dicen que tomes Tylenol y ya", relató un detenido en una declaración grabada. A esto se suma que jueces federales imponen fianzas exorbitantes y niegan casos de asilo de manera arbitraria, mientras agentes de ICE encubren la represión dentro del centro.
La solidaridad no se hizo esperar. Más de 70 activistas viajaron desde distintos puntos de Michigan hasta las afueras de la prisión para realizar un piquete de apoyo, ubicándose estratégicamente en la única entrada desde donde los presos podían verlos por las ventanas. Allí leyeron testimonios, tocaron canciones solicitadas desde adentro y lanzaron un mensaje claro: no están olvidados. Organizaciones como No Detention Centers Michigan y líderes religiosos ya convocaron a otra jornada de protesta para el 17 de mayo.
Mientras ICE y GEO Group guardan silencio público, los huelguistas se mantienen firmes. "Casi todos los que estamos adentro participamos de alguna manera. No somos mala gente. Somos seres humanos", afirmó uno de los manifestantes. La lucha sigue, porque la dignidad no se negocia ni se encierra entre rejas.