KEIKO, EL PAÍS EN RUINAS QUE ELLA MISMA AYUDÓ A CONSTRUIR
Política Neoliberal

KEIKO, EL PAÍS EN RUINAS QUE ELLA MISMA AYUDÓ A CONSTRUIR

(★) .- El discurso de investidura de la lideresa fujimorista omite que su bancada controló el Congreso desde 2022 y fue protagonista de la crisis que hoy dice querer resolver.

La contradicción más hiriente del mensaje de Keiko Fujimori no es técnica: es política. La heredera del régimen autoritario de los 90 describe un Perú devastado por la inseguridad, la ineficiencia estatal y la desconfianza institucional, como si el fujimorismo fuera un actor recién llegado a la escena. Pero desde diciembre de 2022, el país estuvo bajo el control de la mayoría congresal articulada en torno a Fuerza Popular y sus aliados. Ese Congreso definió equilibrios políticos, sostuvo y derribó gobiernos, aprobó o bloqueó leyes, condicionó el funcionamiento de las instituciones. Presentarse como quien recibe un país en ruinas es fingir que los últimos cuatro años no existieron.
El modelo que plantea el discurso es profundamente autoritario. La seguridad aparece asociada a más represión, más control y mayor concentración del poder estatal. Una visión que puede dar resultados inmediatos en la percepción pública, pero que ignora las causas estructurales de la violencia: una Policía que necesita reformas de fondo, un sistema de justicia eficaz, lucha anticorrupción, educación pública de calidad y oportunidades económicas. Sin eso, la seguridad corre el riesgo de convertirse en un estado de excepción permanente.
Cuando habla de inclusión, el discurso se vacía por completo. Menciona a los sectores más vulnerables, pero sin una referencia concreta al fortalecimiento de la educación pública, la salud o políticas que reduzcan las desigualdades. La inclusión aparece como una declaración de buenas intenciones, no como un programa de gobierno. Y en lo económico, no se percibe voluntad de corregir un modelo que ha generado las distorsiones que hoy arrastra el Perú. Lo que ofrece es administrarlo mejor.
Después de años de crisis política, institucional y social, el país no necesita la continuidad de un sistema que favoreció la concentración del poder, el debilitamiento de las instituciones y el aumento de las desigualdades. El mensaje de Keiko no propone un nuevo Perú: propone administrar con mayor autoridad el mismo modelo que llevó al país hasta acá. Esa es su contradicción más profunda: presentarse como heredera del problema y, al mismo tiempo, como su solución.