LA CIENCIA DENUNCIA: DESTRUIR LA AMAZONÍA ES CONDENARNOS A TODES
Extractivismo

LA CIENCIA DENUNCIA: DESTRUIR LA AMAZONÍA ES CONDENARNOS A TODES

(★) .- La investigadora del INPE Luciana Gatti advierte que el desmonte y los incendios en la selva aceleran los eventos climáticos extremos que ya matan a los más pobres.

La profesora e investigadora del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (INPE) Luciana Vanni Gatti fue contundente en entrevista con la Página del MST: desmatar y quemar la Amazonía no es solo un crimen ecológico, es una máquina de acelerar los cambios climáticos que ya están cayendo con toda su fuerza sobre las espaldas de los más pobres. En el marco del Día Nacional de la Ciencia, la científica que coordina el Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero del INPE desde hace más de 25 años soltó una verdad incómoda para el poder económico: “Quien toma las decisiones está pensando solo en el lucro, en la balanza comercial, como si eso significara una mejor vida para las personas”.
Gatti no se anda con vueltas. Señala que la principal causa de las emisiones de gases de efecto invernadero en Brasil es la agropecuaria, responsable directa de la gran mayoría del desmonte. “La grandísima mayoría de las áreas desmatadas van a volverse pastaje y el ganado es el mayor emisor de metano”, explica. Para ella, la solución pasa por reducir el rebaño bovino, dejar de exportar carne y repensar el consumo de proteínas. Pero eso choca de frente con un modelo económico que prioriza la balanza comercial por encima de la vida.
La investigadora también apuntó contra el avance de la extrema derecha y su guerra declarada contra el conocimiento. “La extrema derecha vende un modelo autoritario. Para que funcione, la gente tiene que ser fácilmente engañada. Las escuelas, las universidades, la ciencia son sus enemigas”, dispara. Y remata: el conocimiento es incompatible con la tiranía. Frente a la crisis, Gatti insiste en que no alcanza con frenar el desmonte ilegal: hay que parar también el legal y recuperar todas las áreas de bosque perdidas hasta 2018, cuando los eventos extremos todavía no se habían vuelto una condena cotidiana para el pueblo brasileño.