Barcelona se convirtió en el epicentro de la resistencia progresista global con el cierre de la 'Global Progressive Mobilisation', un encuentro que reunió a más de 3.000 representantes de partidos, sindicatos y organizaciones de más de 40 países. La cumbre, celebrada entre el 17 y 18 de abril en la Fira de Barcelona, marcó un punto de inflexión en la construcción de una alternativa al modelo económico neoliberal que, según los participantes, ha generado hambre, miseria y desigualdad.
El evento contó con la presencia destacada de líderes como los presidentes de Colombia, Gustavo Petro; México, Claudia Sheinbaum; y Uruguay, Yamandú Orsi. A través de más de treinta conferencias, mesas redondas y coloquios, los participantes trazaron una agenda común que incluye la imposición de un tributo a los superricos, la regulación de las plataformas tecnológicas y la defensa del multilateralismo frente a las políticas belicistas.
La sombra del régimen Trump planeó sobre las discusiones. El senador demócrata Chris Murphy definió a Trump como "la mayor amenaza a la democracia desde la guerra civil", acusándolo de haberse apoderado de medios de comunicación y tribunales. El gobernador de Minnesota, Tim Walz, fue más allá al calificar de "fascismo" la política exterior estadounidense que, según denunció, se mete en guerras sin amenazas previas ni planes definidos.
Sheinbaum anunció que impulsará una declaración contra la intervención militar en Cuba, en respuesta a la creciente presión del régimen Trump para precipitar un cambio de régimen en la isla. La mandataria mexicana propuso destinar el 10% del gasto mundial en armamento para programas de reforestación global, defendiendo principios como la no intervención y la solución pacífica de controversias.
La ultraderecha española, representada por Vox, atacó duramente la cumbre. Su portavoz Ignacio Garriga acusó a Sánchez de convertir España en "la sede de la izquierda radical de todo el mundo", lanzando ataques sin pruebas contra Sheinbaum y Petro. La opositora venezolana María Corina Machado también expresó su decepción con el encuentro.
El periodista Owen Jones recordó que el 1% más rico posee la mitad de la riqueza mundial, con 2.500 multimillonarios controlando el 15% de todos los recursos. Sánchez llamó "tecno-oligarcas" a los dueños de redes sociales, advirtiendo que no permitirán que se enriquezcan a costa de la salud mental de la juventud.
La cumbre progresista global emerge como contrapeso necesario frente a un sistema económico que prometió prosperidad pero entregó desigualdad. En un mundo tambaleante por la guerra y la expansión de la brecha social, Barcelona se consolida como espacio de construcción colectiva de alternativas que priorizan la paz, la justicia fiscal y la regulación del poder corporativo sobre los intereses del capital especulativo.