LA EUFORIA DEL GOL QUE ANESTESIA LA CRÍTICA ANTISISTEMA
Opinión

LA EUFORIA DEL GOL QUE ANESTESIA LA CRÍTICA ANTISISTEMA

(★) .- Medios progresistas festejan el Mundial organizado por una FIFA acusada de corrupción, mientras denuncian al capitalismo en sus editoriales.

Hay una contradicción que duele mirar de frente. Medios que se autodenominan progresistas, que en sus editoriales claman contra el capitalismo salvaje y lanzan lemas como "otro mundo es posible", se ponen la camiseta argentina para festejar goles en un torneo regido por una organización que muchos califican como mafiosa: la FIFA. Y no solo eso: celebran a supermillonarios cuyas fortunas superan el PIB de varias naciones, mientras en sus páginas de opinión desprecian a quienes admiran a Trump o Milei.
La FIFA, con su historial de corrupción, sobornos y decisiones tomadas en despachos de lujo lejos de cualquier democracia real, impone leyes que los Estados obedecen sin chistar. Ciudades enteras son remodeladas a costa del erario público, derechos laborales se suspenden, y la protesta social es criminalizada. ¿Dónde queda entonces el discurso antisistema? Se diluye en los gritos de gol, en los memes de Messi, en la euforia colectiva que anestesia la crítica.
El cinismo alcanza su cenit cuando figuras como Trump y Milei —admiradores del libre mercado más feroz, despreciadores del bienestar popular— se fotografían sonrientes en eventos FIFA, y los mismos medios que las critican en política las celebran en deporte. Ari Lijalad denunció cómo Milei "carancheó" a Messi para uso político, pero no se cuestiona el marco mismo que permite ese carancheo. La FIFA es el escenario perfecto para el espectáculo neoliberal: privatización del disfrute, mercantilización de la pasión, y una fachada de unidad nacional que oculta la explotación.
Como señalan desde espacios críticos, "otro fútbol es posible e imprescindible, el que sirve al encuentro y a la paz, no a la división, a la manipulación o al enfrentamiento". Pero para que otro fútbol sea posible, primero hay que querer ver la contradicción. No basta con criticar al capitalismo los lunes y aplaudirlo los domingos con la camiseta puesta. La esquizofrenia social no es un accidente: es el producto de décadas de espectacularización que convierte a la ciudadanía en espectadora pasiva, incapaz de articular que el mismo poder que destruye escuelas y hospitales también organiza la fiesta que nos distrae. Si de verdad creemos que otro mundo es posible, deberíamos empezar por reclamar otro Mundial posible, sin sobornos, sin esclavitud moderna en los estadios, sin la complicidad de Estados que se arrodillan ante Infantino.