Durante más de un siglo, los grandes conglomerados de prensa de Estados Unidos montaron una maquinita de desinformación contra Cuba que combina sensacionalismo, omisión del contexto histórico y narrativas armadas. No es casual: es una de las campañas de desinformación más longevas de la prensa occidental, con un patrón que se repite como un disco rayado.
En la guerra hispano-cubano-norteamericana, los magnates William Randolph Hearst del New York Journal y Joseph Pulitzer del New York World llevaron el sensacionalismo al extremo para justificar la intervención en la isla. Hearst mandó al ilustrador Freddie Remington a Cuba, y cuando recibió el parte de que no había guerra que dibujar, le respondió con la orden que quedó para la historia: "Usted proporcione las imágenes, yo proporcionaré la guerra". El resultado fue una guerra que Estados Unidos ganó en cuatro meses, pero que le costó a Cuba su independencia.
Ya en febrero de 1957, el periodista del New York Times Herbert Matthews se metió en la Sierra Maestra y entrevistó a Fidel Castro, desmintiendo la versión oficial de que había muerto tras el desembarco del Granma. Mientras la propaganda llamaba "bandoleros" a los revolucionarios, ocultando el carácter popular y patriótico de su lucha, la foto publicada el 28 de febrero mostró al mundo que Castro era el líder rebelde de la juventud cubana y estaba peleando con éxito en la intrincada Sierra.
Después del triunfo revolucionario, la campaña propagandística de Estados Unidos acusó falsamente a Fidel Castro de sumir a Cuba en un baño de sangre por juzgar a los criminales de la dictadura de Batista. La revolución respondió con la Operación Verdad: 380 periodistas extranjeros fueron traídos a la isla para que constataran las fosas comunes y los crímenes del batistato. La mentira se desmontó por sí sola. Pero después de 1959, la maquinaria periodística anticubana no se detuvo.
Con Internet y las redes sociales, la desinformación pegó un salto. Hoy existe un entramado de mal llamados sitios digitales independientes que, más allá de diferencias de estilo, comparten una agenda común: mostrar una Cuba sin esperanzas. Cazan cualquier experiencia individual y la amplifican como si fuera la regla. El financiamiento llega desde fondos federales estadounidenses: entre 2017 y 2020, USAID invirtió unos 50 millones de dólares contra Cuba y la NED destinó más de 23 millones, a los que se suman 90 millones de la Oficina de Transmisiones para Cuba.
El desafío para el presente y el futuro es enorme. Periodistas, medios y demás entes de la sociedad tienen la responsabilidad de llevar las verdades al pueblo con inmediatez y profundidad de análisis, aprovechando tanto las formas tradicionales como las plataformas digitales. Cuba necesita avanzar en lo económico sin olvidar las esencias, y el desarrollo comunicacional es parte clave de esa pelea.