La irrupción del ChatGPT hace cuatro años no fue un cambio técnico más. Fue un terremoto. Stéphanie Lavaux, vicerrectora General Académica de la Universidad Minuto de Dios y doctora en Innovación en Educación e Inteligencia Artificial, lo dice sin vueltas: "Todo cambió". Ya no alcanza con enseñar a usar la herramienta. La relación con el conocimiento se reconfiguró por completo y las universidades, si no se adaptan, corren el riesgo de quedar fuera del debate público.
Para Lavaux, el problema central es que las instituciones educativas ya no son la primera fuente de consulta de la sociedad. Cuando alguien necesita saber algo, no va a buscar un paper académico al que muchas veces ni siquiera puede acceder porque le cobran. Le pregunta a un chat, a una nube, a cualquier inteligencia artificial que le devuelva una respuesta rápida. Ahí está la pérdida de legitimidad y de velocidad que menciona la vicerrectora. Las universidades siguen produciendo conocimiento de calidad, pero dejaron de ser las únicas voces autorizadas y eso, en un contexto de infodemia y desinformación, es una bomba de tiempo.
El rol del profesor también saltó por los aires. Ya no alcanza con pararse frente a un aula a transmitir datos que cualquier estudiante consigue en segundos con un celular. El docente tiene que convertirse en coach, en mentor, en alguien que desarrolle pensamiento crítico y espíritu ciudadano. Y el tríptico enseñanza-aprendizaje-evaluación está en plena reinvención. Los que siguen dictando clase como antes, advierte Lavaux, corren el riesgo de quedar desconectados de su propia intencionalidad pedagógica.
Uniminuto, con más de 130 mil aprendientes en todo Colombia, la mayoría de estratos 1, 2 y 3, y un 70% de mujeres cabeza de hogar que trabajan mientras estudian, no podía darse el lujo de ignorar la tormenta. Por eso creó Sapiens, un ecosistema de cinco agentes de inteligencia artificial conversacional que personalizan trayectorias de aprendizaje, predicen deserción y acompañan a estudiantes que muchas veces estudian a las dos de la mañana por WhatsApp. Lo paradójico es que a más inteligencia artificial metieron, más humanos tuvieron que contratar. Profesores que curan, reentrenan y cuidan cada respuesta de los agentes. La inteligencia humana, dice Lavaux, sigue siendo el centro de todo.