La previa del debate en el Senado por la reforma de la Ley de Tierras dejó en evidencia un divorcio profundo entre lo que ocurre dentro del Congreso y lo que siente el pueblo argentino. La responsable de Relaciones Políticas del Partido Comunista de Argentina, Zaida Chmaruk, describió un escenario donde legisladores aparecen "a la venta", sin principios rectores y negociando dádivas para sus gobiernos provinciales, lejos de los intereses de los pueblos que dicen representar.
En diálogo con #InformeDePájaros, Chmaruk destacó como un hecho súper positivo la movilización espontánea convocada para el 6 de agosto. Subrayó que hace tiempo no se veía una construcción social tan amplia, con estampadas gratuitas de banderas, páginas web para contactar senadores y una autoconvocatoria genuina que trasciende a las organizaciones políticas. Esa energía, según su mirada, se conecta con un ADN antiimperialista que reapareció con fuerza tras el triunfo en Malvinas, una bandera que despertó un amor por la patria que estaba invisibilizado.
La dirigente advirtió que la ley actual, sancionada en 2011, no es retroactiva y permitió que gigantes como Benetton, Douglas o las 325 mil hectáreas de tierras extranjeras junto al acuífero Guaraní quedaran fuera de toda discusión. Frente a esto, planteó que el gobierno de Milei no tira "manotazos de ahogado", sino que desarrolla una revolución conservadora que modifica todas las estructuras del capitalismo argentino para habilitar un nuevo modelo de negocio. En ese marco, la propuesta de eliminar el porcentaje departamental de extranjerización es la clave: un lago o un recurso natural puede perderse sin que importen los porcentajes provinciales o nacionales.
Sobre la reforma electoral que impulsa el Ejecutivo, Chmaruk fue contundente: se trata de una "dictadura electoral" que, bajo el pretexto del gasto, elimina las PASO, sube los pisos de votos y afiliados, y habilita el financiamiento privado sin límites. El resultado sería un sistema donde solo dos o tres grandes partidos, financiados por grupos económicos o el crimen organizado, puedan competir. La democracia queda restringida al punto de permitir su propio suicidio, mientras Estados Unidos despliega una contraofensiva brutal sobre la región para asegurarse el extractivismo sin trabas legales.
La falta de un proyecto alternativo de país sigue siendo la principal ausencia. Las movilizaciones, aunque masivas y transversales, corren por carriles separados de la política partidaria. Para Chmaruk, la tarea no es reconstruir la Argentina, sino subvertirla por completo: sus instituciones, su estructura productiva y su cultura política, con la misma audacia que muestra la derecha para ir por todo.