MARIÁTEGUI ANTIFASCISTA: EL PENSADOR QUE SE NEGARON A LEER
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MARIÁTEGUI ANTIFASCISTA: EL PENSADOR QUE SE NEGARON A LEER

(★) .- Víctor Masi desmenuza el verdadero rostro del fascismo a partir de los escritos de José Carlos Mariátegui, un análisis que se adelantó medio siglo a los teóricos europeos y que hoy sigue siendo incómodo para el poder.

El fascismo no es un simple epíteto ni una etiqueta que se le pega a cualquiera con actitudes conservadoras. Es, ante todo, violencia pura. Así lo entendió José Carlos Mariátegui cuando llegó a Italia y se topó de frente con los choques entre el Partido Socialista Italiano y el grupo de Benito Mussolini. Mientras muchos veían un fenómeno nuevo sin nombre, el peruano ya estaba describiendo sus facetas y desenmascarando su falta de discurso teórico. "El fascismo es la reacción más violenta porque solo puede surgir y subsistir a través de la violencia", escribió Mariátegui, y nadie le prestó atención.
Lo que pocos saben es que Mariátegui ya había anticipado en 1921 lo que los teóricos europeos descubrirían 50 años después. Las grandes corporaciones financiaron el fascismo, dice Masi recuperando al autor de los 7 ensayos. Los grandes industriales italianos, frente a la toma de fábricas metalúrgicas y los beneficios que los trabajadores empezaban a obtener después de la Primera Guerra Mundial, captaron a la mediana y pequeña burguesía para que estuvieran contra los derechos laborales. Ese es el gran aliado del fascismo, según Mariátegui: la mediana y pequeña burguesía. Y sin embargo, en los encuentros antifascistas europeos nunca se menciona al peruano. "Es eurocentrismo puro", sentencia Masi.
Pero el problema no es solo europeo. En el Perú, a Mariátegui lo han querido presentar como un pensador apolítico, neutro, tibio. Le han modificado palabras en sus textos publicados, le han borrado párrafos enteros. "Hay un tratamiento comercial de la información", denuncia Masi. Y mientras tanto, los recursos naturales del país siguen en manos de otros, porque nunca se desarrolló industria para explotarlos. "No nos dejan desarrollar la industria, esa es una política global", explica. El desarrollo nacional solo se ve desde la capital, pero el Perú tiene una potencialidad económica que se renueva y que podría generar bienestar si hubiera decisión política. Pero prefieren vender el recurso crudo antes que fabricarlo con mejores condiciones y venderlo a alto precio.
La izquierda peruana tampoco sale bien parada en este análisis. Abandonó las bases, se encerró en círculos académicos y perdió el respaldo popular. "En los años 70 iban a los sindicatos, a los pueblos jóvenes, daban clases con didáctica para que la gente entendiera. Ahora se meten en cooperativas, disfrutan pequeños espacios de poder y creen que eso ya es el cambio", dispara Masi. Mientras tanto, la ultraderecha le robó términos a la izquierda —como "batalla cultural" o "casta"— y los usa en su contra. El libreto es el mismo que hace cien años, solo que ahora viene disfrazado de modernidad.