La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires otorgó una distinción histórica a la sección de Recordatorios de Página/12, declarándola de Interés para la Comunicación Social y la Cultura. Este reconocimiento llega a cincuenta años del último golpe militar, en un contexto donde las disputas sobre la memoria colectiva adquieren renovada urgencia política. La iniciativa fue impulsada por la legisladora Delfina Velázquez, quien destacó el valor de estas herramientas construidas desde la sociedad civil.
La sección nació en agosto de 1987 cuando Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, publicó la primera foto carnet de su hija Laura desaparecida. Lo que comenzó como un ritual de búsqueda ante la ausencia de tumbas se transformó en símbolo de resistencia. Miles de familias encontraron en esos espacios de papel una forma de denunciar la censura y recolectar datos sobre sus seres queridos arrebatados por el terrorismo de Estado.
Durante la década de los 90, cuando las políticas estatales de memoria brillaban por su ausencia, estos recordatorios funcionaron como cenotafios simbólicos. Las familias hilvanaron poesías y promesas para mantener viva la identidad de quienes habían sido desaparecidos. El formato permitió encuentros inesperados entre compañeros de militancia y facilitó la restitución de identidades de nietos y nietas apropiados ilegalmente.
Un momento culminante fue la despedida de Estela de Carlotto de la sección tras 27 años de publicaciones ininterrumpidas. Luego de encontrar a su nieto Ignacio Montoya Carlotto en 2014, la dirigente escribió su último mensaje sintiendo cumplida la misión de búsqueda personal en el papel de diario. La distinción legislativa resalta el valor de haber sostenido estos espacios de forma constante, incluso en la transición hacia formatos digitales.
En tiempos donde el revisionismo histórico intenta reescribir el pasado, los Recordatorios de Página/12 permanecen como testimonio vivo de una lucha en paz. Constituyen un archivo popular que desafía los intentos de borramiento, demostrando que la memoria no es patrimonio exclusivo de instituciones oficiales sino construcción colectiva que se teje desde las páginas de un diario comprometido con la verdad y la justicia.