(★) .- En tiempos de incertidumbre y "guerra cognitiva", nos detenemos a reflexionar junto a Ramón Grosfoguel sobre la amenaza más peligrosa que se cierne sobre la revolución bolivariana: la destrucción del espíritu de la revolución.
Katya Colmenares y Ramón Grosfoguel llaman al pueblo venezolano a cuidar el fuego de la organización y a no temerle a las preguntas en tiempos definitivos.
Vivimos tiempos durísimos e inéditos, y quien tenga la fórmula para afrontar la coyuntura es un engañador. La revolución no tiene manuales, tiene experiencias, ecos y aprendizajes, pero el camino habrá que inventarlo. Como dijo José Martí, la salvación está en crear. El pueblo sabe hacia dónde camina: hacia su liberación, porque se ha levantado mil veces y seguirá levantándose.
El imperio no quiere matar a Nicolás Maduro porque sabe que si lo hace, el espíritu de la revolución se revivificaría y se fortalecería. Lo que busca es matar la revolución como tal, pulverizarla hasta las cenizas, destruyendo su materialidad —petróleo, recursos, instituciones— y también su espíritu. Ese espíritu solo se destruye sacándole el alma, la ética revolucionaria y los principios comunales que han sostenido al pueblo durante 30 años de bloqueo, violencia, infiltración y carestía.
Ahora comienza la batalla más importante: la guerra cognitiva se va a agudizar. Se mezclarán cosas falsas con verdaderas para sembrar la idea de que todo ha sido corrupción de una cúpula. El imperio pretende reescribir la historia, una historia falsa pero sumamente eficaz. Por eso las vías de comunicación entre el pueblo y el liderazgo serán fundamentales. Al liderazgo le ha tocado contener al imperio; al pueblo le toca continuar la revolución, cuidar el espíritu, asumirse plenamente como sujeto histórico.
Si se pierde la mística comunal se pierde todo, porque la comunalidad enseñó que el milagro de la multiplicación de los panes solo acontece en el compartir. Hoy el liderazgo está hipervigilado, pero el pueblo tiene organización popular en abundancia. Como dijera Maduro, todos juntos somos Chávez: que cada quien vaya a su posición, que nadie se quede fuera de la coordinación, porque llegó la hora de resucitar a Chávez para la siguiente batalla.